Ole por los que saben

  • ¿Quién entiende 'de verdad' de flamenco? El arte jondo está lleno de 'enteraos', pero entendidos hay pocos. En Granada quedan algunos, como Francisco Manuel Díaz, Curro Andrés o Rafael Moreno

Uno de los asuntos más turbios y polémicos del flamenco es el que abarca el campo del conocimiento, del 'saber' de cante, pero de verdad, como se apresuran a matizar algunos: saber de verdad, ya que de mentira es difícil conocer algo con precisión. Afectos y desafectos, prejuicios, fracasos cognitivos, cultura general, oído musical, entorno y vivencias, condicionan taxativamente el conocimiento del aficionado.

La eterna y estéril polémica de entre lo gitano y lo no gitano, a través de la que no se ha alcanzado ningún tipo de conclusión rigurosa que pueda refutar posturas contrarias, es la que más perjudica al flamenco. Según los 'gitanistas', nada que no suene gitano, es decir, con voz ronca, para que nos entendamos, quejosa, seguidora de las escuelas de Camarón o Caracol, tendentes a los cantes rítmicos o acompasados y que a penas se desenvuelven en los cantes libres, tiene validez alguna. Es más, si no suena 'gitano', no es flamenco. Obviamos aquí la escuela Mairenista, porque no es aceptada entre todos los 'gitanistas', luego explicamos por qué.

Por otro lado, una postura más reducida, amante de las voces limpias, claras, reniega de lo que suena 'gitano', por mor del preciosismo, el barroquismo y quizá por aquella máxima de Confucio que decía que una voz clara siempre se explicará mejor que otra ronca.

Hacemos un alto en el camino para explicar que a principios de siglo XX, los cantaores flamencos, castellanos o gitanos, empleaban la expresión 'olé' para quien canta gitano' para expresar su aprobación a un cante bien hecho. Lo gitano era sinónimo de flamenco, de andaluz, sin ningún tipo de mal intención racial ni racista. Los cantaores eran todos flamencos, andaluces. Don Antonio Chacón era tan respetado por gitanos como lo era entre los castellanos, Manuel Torre, igualmente, qué decir de la de los Peines o Tomás Pabón. Sin embargo, hoy en día, un importante número de gitanistas aseguran que Tomás Pabón era muy 'gachó' (payo), cantando, lo mismo que el Cojo de Málaga, ambos gitanos, cantaores de una calidad inconmensurable, creadores y pilares de la historia reciente del cante. En iguales términos se expresan con Antonio Mairena, cantaor redondo y artífice de las formas canoras presentes, gitanista donde los haya, pero al que hay que hacerle una doble lectura donde su generosidad y maestría no admiten dudas. Bien, decía, que Mairena, para ellos "es muy frío", y tampoco les gusta. Al margen de estas tendencias, el conocimiento del flamenco, el saber, abarca desde el estudio y distinción de la mayoría de los estilos existentes (existen muy pocos aficionados que los conozcan todos y ni siquiera nos ponemos de acuerdo en el número exacto que hay), a cuestiones de índole técnica, como el ritmo (conocer cuándo el artista está cantando a compás o fuera de éste), afinación, estética, gusto por las letras, nociones históricas.

Dicho esto convendremos que la figura del 'aficionado ideal' es aquella que no rechaza ningún tipo de color de voz, ninguna forma de cante, sea lírica o afillá, sea redonda o natural, ningún estilo del flamenco. Posee conocimiento de la historia y de los cantaores antiguos, porque le gusta, porque lo siente. Nos contaba un gran aficionado granadino, hace tiempo, para una entrevista, que él había llegado a las mismas conclusiones que tenía cuando empezó a escuchar flamenco, pero que para llegar a esas conclusiones había necesitado muchos años, y ahora sabía por qué sentía así. Esta definición, que bien podría ser socrática, resume la esencia de los buenos aficionados. Granada posee un grupo reducido de grandes aficionados. Es decir, por ejemplo, de entre los 300 socios que tiene la Peña de La Platería, por tomar de referente uno de los templos sagrados del flamenco, a penas unos cincuenta saben de cante, y apurando, de esos cincuenta, que sepan 'de verdad' no llegan a veinte: Francisco Manuel Díaz, Curro Andrés, Chanquete, Arturo Fernández, Antonio Lastra, Antonio Trinidad, Miguel Ángel González, José Delgado Olmos, Curro Albayzín, Antonio Gallegos, Rafael Moreno, José Carlos Mochón o Paco Cabrero, son algunos de los ejemplos de modelo de 'aficionado ideal', es decir, ese que no se deja llevar por prejuicios, si no por el arte mismo, por lo que está bien hecho de verdad, venga de donde venga, sin ningún tipo de preferencia geográfica, si no como militantes de lo flamenco, de un andalucismo musical que está por encima de las ridículas fronteras locales que limitan y apuran un arte de dimensiones inabarcables.

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