Orhan Pamuk: el soñador que al fin pudo conocer la vieja Alhambra

  • El escritor turco manifiesta su satisfacción por culminar el sueño de visitar algún día Granada y Andalucía

"La ficción tiene, gracias a Dios, capacidades medicinales. Para mí, el estar imaginando todo el día es una alegría", manifestó ayer el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk en el acto celebrado en el Teatro Isabel la Católica, que estuvo completamente abarrotado. Pamuk habló de su pasión por Borges, por Rulfo y por toda la literatura hispanoamericana.

"Me gusta evadirme escribiendo ficción. El 95 por ciento del tiempo lo paso pensando en literatura, pero cuando en el otro 5 por ciento hablo de política, tengo problemas", dijo en alusión a las polémicas que desató en el pasado en Turquía por su defensa a la libertad de expresión.

Pamuk se refirió a lo largo de su intervención a la necesidad de empatía entre los seres humanos: "A través de la literatura podemos ver el mundo desde el punto de vista de otra persona. Como seres humanos, tenemos un poder único: ponernos en el lugar del otro".

Fue sólo parte de la ágil intervención de un hombre que, instantes antes, no quiso negar su fascinación por España. "Andalucía es muy importante para los turcos y para mí; su cultura y, sobre todo, su arquitectura. Y por fin estoy aquí", decía ayer Orhan Pamuk al encontrarse por fin en Granada, el puente el Oriente y el Occidente del que tanto ha escrito el Premio Nobel de Literatura de 2006. "Quizá sea un poco tarde, pero nada llega tarde en la vida", afirmaba ante un grupo de periodistas horas antes de protagonizar una de las sesiones de la tercera jornada del Mapfre Hay Festival.

Tenía prisa por visitar la Alhambra -"llevo 57 años preparándome para la emoción de verla", aseguró- y no le apetecía demasiado dialogar con la prensa ni quería que se le formularan preguntas de política, pero al final accedió amablemente a mantener un breve encuentro y quedó claro que sus palabras sobre Andalucía y Granada no eran de mera cortesía. Había pasión en ellas.

Este viaje tiene una significación especial para él. "El Islam y Europa son importantes para los turcos", que desde hace tiempo desean ingresar en la Unión Europea. El autor de Me llamo Rojo, El libro negro, esa obra que deslumbró a Juan Goytisolo, o Estambul, ciudad y recuerdos, contaba ayer que en cualquier manual de Historia de su país puede verse "una representación islámica de España y de Andalucía, y en todos los institutos de Turquía hay imágenes de la Alhambra o de la Mezquita de Córdoba".

Esta presencia significa "la manifestación del poder de la cultura islámica", pero también "ese vínculo entre el Islam y lo occidental", y él se interesa, "sobre todo, por esta segunda parte".

Este escritor que ha tenido serios problemas en su país por decir lo que piensa, pero que "siempre" seguirá "defendiendo la libertad de expresión", no pierde las esperanzas de que Turquía ingrese en la Unión Europea, si bien es consciente de que ambas partes "están un poco cansadas de este tema".

La Unión Europea, prosiguió, "está preocupada por su futuro y ya tiene bastante con eso. Turquía está preocupada por su democracia, su liberalismo y su libertad de expresión", subrayó.

En su opinión, fue la guerra de Irak lo que tuvo "repercusión negativa" en las ansias europeas de los turcos. "El prestigio de los Estados Unidos y de toda la sociedad occidental, a raíz de esa guerra, ha bajado mucho en Turquía y han perdido entusiasmo por este tema", añadió Pamuk. "A pesar de todo ello, creo que el pueblo turco de verdad quiere unirse a la Unión Europea", aseguró.

Orhan Pamuk (Estambul, 1952) fue preguntado también por las esperanzas que tiene puestas media humanidad en Barak Obama. El escritor da clases cada año en la Universidad estadounidense de Columbia y, de hecho, estaba allí cuando eligieron al nuevo presidente de Estados Unidos.

"Estoy encantado con esa elección, pero no invierto todas mis esperanzas en la humanidad en los presidentes de Estados Unidos", señaló. Pero Pamuk es ante todo novelista y ensayista, y ayer también se refirió a su nueva novela, El museo de la inocencia, que Mondadori publicará en España en octubre. Este libro, que en Turquía salió hace ocho meses, es fruto de "seis años" de trabajo y es "una consecuencia de los aspectos políticos turbulentos" que le ha tocado vivir.

A través de la historia de amor entre Kemal, un rico estambulí, y Füsun, una pariente lejana pobre, el escritor analiz a la burguesía de clase alta de los años setenta, y refleja también "el deseo de poseer, de coleccionar".

El museo de la inocencia es una obra "muy compleja" y su autor está "encantado con ella. Es como una caja musical, arquitectónica, visual", pero en España todavía no se ha publicado y ayer prefería mantener "la boca cerrada".

Durante la preparación del libro, Pamuk recorrió museos, rastros y bazares de todo el mundo para inspirarse sobre la vida de sus personajes, y tiene previsto abrir un Museo de la Inocencia en Estambul. De hecho, la noche del viernes estuvo trabajando para diseñar el museo y "preparar todos los temas muy a fondo". A Pamuk le gusta coleccionar, pero no se obsesiona con ello. Y, por supuesto, no es de esos que "compran libros y luego no los leen". "Yo los leo, pero no los colecciono".

Su último libro publicado en España es Otros colores (Mondadori), un conjunto de ensayos, entrevistas y textos autobiográficos, que son como "fragmentos de vida que todavía no han encontrado su camino" en ninguna de sus novelas. Y en marcha tiene ya un ensayo sobre el arte de hacer novelas, que presentará en otoño en Harvard, y una nueva novela "centrada en Estambul", su ciudad.

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