Oscuras variaciones sobre un tema de Larsson

Thriller, EEUU, 2011, 158 min. Dirección: David Fincher. Guión: Steven Zaillian, basado en la novela original de Stieg Larsson. Fotografía: Jeff Cronenweth. Montaje: Angus Wall, Kirk Baxter. Música: Trent Reznor & Atticus Ross. Intérpretes: Daniel Craig, Stellan Skarsgård, Rooney Mara, Robin Wright Penn, Christopher Plummer. Cines: Cinema 2000, Kinépolis, Multicines Centro, Artesiete Alhsur.

Si la trilogía novelística no se hubiera hecho tan famosa -hasta tan pesadamente famosa- hace tanto tiempo. Si el cine y la televisión no la hubieran explotado ya en productos de saldo. Si pudiéramos ver esta primera entrega de Millennium con ojos vírgenes, nos parecería de lo más natural que David Fincher, el artesano de The Game o La habitación del pánico, el maestro de Seven, El club de la lucha o Zodiac y el creador de las muy personales El curioso caso de Benjamin Button y La red social, hubiera dirigido esta película.

Que en las novelas de Larsson hay sobrada materia para atraerle está claro. Estamos ante el director que en 1995 dio con Seven un giro decisivo al psycho-thriller, apoyándose en El silencio de los corderos, estrenada cuatro años antes; y que en 2007 rodó esa especie de ensayo post-eastwoodiano sobre la figura del asesino en serie en el cine de los 70 que fue Zodiac. Ambas empapadas por el vértigo moral ante el despliegue de un mal que parece emanar de la propia sociedad, en vez de atacarla como un cuerpo extraño. Está claro que en la saga de Millennium se unían unas tramas, unos personajes y unas atmósferas que no podían sino fascinar a Fincher.

Pero a la vez no deja de sorprender que un director tan personal se haya hecho cargo de una historia tan leída y tan filmada en tan poco tiempo, amparándose en la poco prestigiada política comercial de hacer nuevas versiones de recientes éxitos europeos. ¿Cálculo comercial?

Difícil de creer en quien asumió los enormes riesgos de adaptar los difíciles relatos de Chuck Palahniuk (El club de la lucha) y de Scott Fitzgerald (El curioso caso de Benjamin Button); aunque también es cierto que no está sobrado de éxitos de taquilla y que Larsson es una baza segura. ¿Encargo tipo una propuesta que no pudo rechazar? Tal vez. Aunque lo más probable es que se trate de las dos cosas a la vez y que a ello se sumen dos razones creativamente más serias: su atracción por los protagonistas de la novela -ella, sobre todo- y oír sus oscuras atmósferas morales; y sobre todo la seducción del puro ejercicio de estilo de filmar por filmar, el desafío de fascinar al público contándole a su manera una historia que conoce sobrada y hasta excesivamente.

Ésta es la impresión que produce Millennium. Los hombres que no amaban a las mujeres. Steven Zaillian, el estupendo director de Buscando a Bobby Fisher y el buen guionista de La lista de Schlinder (aunque también haya que reprocharle el mamarracho de Hannibal) ha podado la novela a la medida de Fincher, como si rebajara la cota de su intrincada (y a veces torpe) trama para que resaltara aún más el dúo Blomkvist-Salander. Su forma de abordar la conclusión de la película, desentendiéndose de las trampas de ingenio, parece apuntar a este desistimiento argumental que permita al realizador concentrarse en lo que a él le interesa: convertir la película en un pedestal oscuro sobre el que se estreche el tortuoso abrazo entre esta pareja imposible.

Este oscuro pedestal sobre el que se alzan las figuras trágicas creadas por las extraordinarias interpretaciones de Daniel Craig y Rooney Mara (a las que hay que sumar la de un soberbio Christopher Plummer que parece haber envejecido para interpretar al viejo Vanger) es puro Fincher: una atmósfera opresiva, enferma, en la que el mal parece recubrir ropas, interiores y ciudades como si fuera el fino polvo negro producido por una contaminación moral. ¿Recuerdan el infierno urbano, siempre gris y llovido, de la ciudad de Seven, un fondo casi únicamente sugerido por quejidos de sirenas y ruido de tráfico o de máquinas? Pues aquí, más que en ninguna de las posteriores películas de Fincher, se retoma esta atmósfera y se lleva aún más lejos. Seven era un soberbio thriller con pretexto moral. Millennium es una reflexión moral con pretexto de thriller.

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