Paseante de la modernidad

Ludwig van se abre con el paseo por Bonn que un Beethoven recién llegado en ferrocarril filma con cámara subjetiva en 1969. Aunque quien en realidad filma aquí es Mauricio Kagel (Buenos Aires, 1931), uno de los compositores más lúcidos, irónicos y radicales de la modernidad y cineasta de nervio, como muestra en este trabajo inclasificable, mezcla de documental, ficción surrealista y experimentación artística. Muy influido por Fluxus (la presencia como actor de Joseph Beuys, uno de los inspiradores de este movimiento neodadaísta de los años 60, resulta reveladora), Kagel juega con la música de Beethoven y con su figura de gran mito occidental, contraponiendo su mundo de objetos, partituras y sonidos a la comercialización banal de su imagen y de su obra, contra la que arremete con tanta sutileza como saña: un guía de la Beethoven Haus que se presenta como un pequeño Führer, un debate televisivo en el que se despellejan las interpretaciones de Karajan (¡en 1969!), un aldeano alucinado que se cree el último descendiente de la familia del genio, un pianista conectado a una extraña máquina... Hasta el sorprendente y simbólico final en un zoo, Ludwig van conjuga reflexión, humor, sarcasmo y crítica social a través de un sólido discurso visual y un montaje tan creativo como eficaz, que hace que el filme se conserve fresco y pleno de sentido a tres décadas de su realización.

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