Pequeño homenaje al gran Poeta de las Artes

  • Amigos y artistas alaban la sabiduría y la humildad de uno de los mejores creadores del escultor, maestro y poeta

Se cumple el vigésimo aniversario de la muerte del escultor granadino Aurelio López Azaustre, autor de centenares de obras, algunas muy populares y al que el Ayuntamiento tiene dedicada una modesta calle en la Zaidín.

Fue un artista granadino que reunía las dos condiciones del sabio: conocimiento y humildad. En la exposición homenaje que la entonces Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos tributó en 1990 al escultor y profesor López Azaustre, sus propios compañeros dejaron hermosos testimonios escritos sobre su personalidad.

El director, Carlos Cano, aseguraba: "La muestra que presentamos está integrada por una treintena de obras de quien fuera escultor de oficio, maestro por vocación, poeta por ambiente y amigo de muchos". En la misma, su amigo Pepe Castro -que en vida calificó a Aurelio como "un raro monje, fiel a la religión del hombre", reseñaba que aparecía en el catálogo de una exposición realizada en Córdoba junto a J. A. Corredor y Miguel Moreno Romera, otros dos de nuestros más prestigiosos artistas, le dedica una entrañable carta: "Sí, querido Maestro, cuánta razón tenías en tu agudo senequismo, cuando comentabas la idea del pozo sin fondo de nuestra querida tierra, que sólo entiende de determinados elementos que en cada hora pululan; por eso, tú sabías de 'largas cambiadas'; de fino y elegante recorte si no había necesidad de hacer frente".

Domingo Sánchez-Mesa en un largo alegato titulado El escultor Aurelio López Azaustre y Granada recordando el éxito que tuvo en la exposición de 1983 en Madraza de la Universidad, viene a decir: "Sorprende, y casi se nos hace increíble, que en un ambiente tan desamparado y contrario a lo cultural, hombres como Aurelio consiguieran sobrevivir con su arte a cuestas, empeñado en trascender la propia existencia, individual y colectiva, sin contar ni con la ayuda siquiera de la comprensión y el ánimo. Pero Granada fue y sigue siendo así. Tierra de muchos incultos entre los que aparecen criaturas singulares a las que sólo se acude por conveniencia para seguir presumiendo de ciudad culta... Si algún sentido tiene este homenaje es el de dar público testimonio de agradecimiento a un granadino que ha dedicado su vida al arte".

Marino Antequera, que tantas veces valoró la obra de Azaustre en sus Notas de Arte en Ideal, lo recuerda en el homenaje del año 90 junto a los más prestigiosos escultores: Navas Parejo, el almeriense Juan Cristóbal, Cano Correa, Prados López, López Burgos, Martínez Olalla, Sánchez Mesa y Miguel Moreno Romera.

Gómez Segade lo calificó como "mago de la madera". Tanto Orozco Díaz como Ladrón de Guevara y Tito Ortiz lo admiran desde sus primeros artículos en Patria. Ruiz Molinero en 1970, ante uno de sus cristos de marfil, afirmó: "Es uno de esos grandes escultores que hacen su obra en el sancta santorum de su estudio". También su sobrino José Lorenzo se sumó al homenaje terminando así su nota: "Aurelio, contigo se fue el gran Poeta de las Artes".

Pero el mayor y más sincero homenaje que se puede hacer al artista granadino es recordar que, a parte de su labor docente y sus innumerables premios y exposiciones, realizó centenares de obras entre religiosas y profanas; numerosos retratos y esculturas monumentales para espacios públicos; trabajando igual la madera, tanto vista como policromada, como el marfil o la piedra. Suyos son, por sólo citar algunos, los pasos de Semana Santa de Los Dolores y La Concepción (la popular Concha), el monumento al Juguete, orgullo de la preciosa villa alicantina de Ibi y el busto de Fray Leopoldo, tan venerado en el interior de la Iglesia.

Siempre quedará corta esta referencia comparada con la dimensión personal y profesional del referenciado.

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