Pere gimferrer. poeta

"Uno de los mayores regalos para un poeta es recibir este galardón"

  • El autor catalán, también prosista, crítico literario y traductor, defiende que Federico y su obra pertenecen no sólo a este siglo sino "a cualquier época"

Pere Gimferrer, en una imagen de archivo. Pere Gimferrer, en una imagen de archivo.

Pere Gimferrer, en una imagen de archivo. / Efe

Decía Caballero Bonald que "uno empieza a escribir poesía porque ha sido lector de poesía". Pere Gimferrer Torrens (Barcelona, 1945) lo ha sido desde muy temprana edad. Rubén Darío, Blas de Otero, Góngora, Eurípides, Juan Ramón Giménez, Baudelaire, Shakespeare, Dante, Racine y Josep Vicenç Foix se encuentran entre sus poetas preferidos. Si hay que destacar dos, el autor catalán se queda con Vicente Aleixandre y Octavio Paz, dos autores que lleva reivindicando desde hace décadas. "Paz me dijo que existían dos clases de poetas. Estaban los que nacen viejos, como T. S. Eliot, y otros que siempre son jóvenes, como Lorca o Apollinaire. Cuando no tenía ni 20 años me dijo que yo sería un poeta joven dentro de 40 años, y aquello me dio un aliento enorme para continuar", explicó emocionado en una entrevista concedida a Granada Hoy hace unos años. Y así fue. Gimferrer no ha parado de escribir, de editar y de traducir desde que publicó Mensaje del Tetrarca hace más de medio siglo. Le siguieron Arde el mar (Premio Nacional de Poesía, 1966), La muerte en Beverly Hills (1968), Extraña fruta y otros poemas (1969), y Els miralls (1970), poemario escrito en catalán que suscitó todo tipo de suspicacias en la prensa cultural del momento. A él le dio igual. Al autor barcelonés le interesa más las imágenes, el interés que suscita cada verso, que el idioma con el que se escriba. Es por ello por lo que la poesía de Gimferrer es esencialmente visual, fotográfica, pictórica, cinematográfica. Por eso admira tanto a Charles Baudelaire y a García Lorca. "Su poesía ha influido mucho en la mía porque se sustenta en las imágenes. Es una poesía de generación de imágenes con el lenguaje, como la de Góngora", explicó ayer al otro lado del teléfono tras enterarse de que había ganado el Premio de Poesía Lorca. El autor, que ocupó hace más de 30 años el sillón que ostentaba Aleixandre en la RAE, admitió sentirse "agobiado y excitado", pero sobre todo "orgulloso" por haberse hecho con el galardón. No es la primera vez que Gimferrer se cruza con el dramaturgo granadino. Ha escrito varios ensayos sobre Poeta en Nueva York y editó El Público por primera vez España. "Lorca y su obra pertenecen a cualquier siglo", sentencia.

-Se ha hecho con el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca. ¿Cuál es el mayor regalo que puede recibir un poeta a lo largo de su carrera?

-Extraña pregunta. A lo mejor escribir un buen poema, si lo escribe [ríe]. Pero como eso nunca lo sabes con certeza, uno de los mayores regalos es recibir un premio con el nombre de García Lorca.

-¿Qué cree que tienen en común sus versos con los del autor de Romancero Gitano?

-La poesía de Lorca ha influido mucho en la mía porque se sustenta en las imágenes. Es una poesía de generación de imágenes con el lenguaje, como la de Góngora.

-Conoció a Vicente Aleixandre y Octavio Paz. Incluso intercambiaron correspondencia. ¿Qué es lo que aprendió de ellos, a nivel poético, vital?

-También conocí, hablando de Granada y de Lorca, a Luis Rosales y a Rafael Martínez Nadal -gran amigo del poeta granadino-. Enlacé con dos momentos distintos, pero complementarios, de la evolución poética de la modernidad. En estos momentos está también la poesía de Lorca muy presente, no en la estética estricta, pero sí en la concepción de la poesía tanto de Vicente como de Octavio.

-Ha llegado a escribir ensayos sobre Poeta en Nueva York. ¿Qué cuestiones le interesaban del poemario?

-Es uno de los primeros ejemplos, y el más extenso y ambicioso, de captación del mundo moderno en el siglo XX con la altura que tenía la captación del entorno del mundo moderno en el XIX por Baudelaire. Y también detrás de la ciudad lo atávico, lo primario.

-¿Qué fue lo que más le impactó?

-Es un libro que podría recitar de memoria. Los poemas me impactan verso a verso. Un poema largo como Oda al Rey de Harlem no me impresiona menos que uno corto como Pequeño vals vienés.

-De este último se han hecho versiones musicales que le hacen justicia y han quedado muy bien, como la de la Argentinita y la de Silvia Pérez Cruz.

-Esto es excelente. Me parece admirable. En honor a la verdad, lo de la Argentinita es admirable, pero es de una época. Lo de Federico al piano se mantiene igual que ayer. No es que Argentinita haya perdido vigencia, es que es de una época. Federico y su obra, universal, es de cualquiera.

-¿Qué tiene que tener una obra para que trascienda de un siglo a otro?

-Ante todo ser muy de su autor. En segundo lugar, una obra tiene que ser muy de la palabra poética empleada, por la palabra, no la personalidad exterior, sino la personalidad más profunda. No el personaje del registro civil, sino el autor de los textos, que siempre está por encima del personaje corriente, y así llegar a una forma del conocimiento.

-Iba para guionista o director de cine y acabó dedicándose a la poesía, entre otras cosas. ¿Qué hubiera sido de usted si no se hubiera dedicado a escribir versos?

-Hubiera escrito otras cosas sobre cine, narrativa o ensayo. También he escrito de estos géneros. Además, me he dedicado a la edición. Siempre pensé que mi terreno no era la enseñanza o la pedagogía, aunque admiraba mucho a quienes se dedicaban a ella. Ni tampoco el derecho, que lo estudié. También he editado a Federico. ¡Menuda casualidad!

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