Premio Lorca a Pere Gimferrer por la universalidad de su poesía

  • El autor de 'Arde el mar' se alza con el galardón al que han optado medio centenar de escritores de 19 países

  • "Ha sido un poeta principal al menos para tres generaciones", destaca el jurado

Los miembros del jurado, ayer en el Centro Lorca, en el momento de dar a conocer el fallo de la nueva edición. Los miembros del jurado, ayer en el Centro Lorca, en el momento de dar a conocer el fallo de la nueva edición.

Los miembros del jurado, ayer en el Centro Lorca, en el momento de dar a conocer el fallo de la nueva edición. / álex cámara

La poesía es un arma cargada de futuro. Lo dijo Gabriel Celaya, y lo ha demostrado a lo largo de su carrera Pere Gimferrer Torrens (Barcelona, 1945), ganador del Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, que ayer se falló en Granada. El jurado que lo eligió "por mayoría" destacó la "universalidad y versatilidad lingüística de su poesía" con "amplitud y capacidad para conectar mundos antes no incorporados a la literatura", y definió al autor catalán como un "renovador constante" tanto en el ámbito español como europeo, en el último medio siglo. Al premio aspiraban 50 poetas de 19 nacionalidades, trece de España, cinco de Argentina, y cuatro de Chile, entre otras procedencias en las que también están Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Palestina, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela y Países Bajos.

"Ha sido un poeta principal al menos para tres generaciones. Ha destacado también en el ensayismo y en la edición. Su escritura abre espacios, territorios, insólitos y nuevos en la literatura española. Se ha convertido en un referente. El cine, el arte y el rescate de algunos autores marginales, o que se han quedado fuera del canon europeo de la literatura, han sido algunos de los territorios en los que él ha trabajado con una facunda brillantez. Él conecta con una tradición extraordinaria no sólo de autores españoles, sino también europeos y norteamericanos. Es un premio a celebrar con muchos entusiasmo", señaló el poeta y periodista de El Mundo Antonio Lucas, que este año se sumaba al jurado en calidad de crítico literario junto a Jesús Ruiz de El País y Laura Revuelta de ABC, que no pudo asistir al fallo. Los tres periodistas junto a miembros de la Real Academia Española como Aurora Egido y de la Academia de las Buenas Letras de Granada como José Luis Martínez-Dueñas, entre otras prestigiosas instituciones, decidieron que Gimferrer fuera el ganador de este galardón con una cuantía de 20.000 euros, una cifra menor a la del año pasado (30.000 euros; 50.000 euros en su origen).

García Montero destaca el 'guiño' ante el conflicto catalán: "Tender puentes es una idea magnífica"

Luis García Montero, poeta y catedrático de Literatura de la UGR, explicó ayer a este periódico que la elección es una forma, incluso, de respaldar el premio de poesía: "Gimferrer es un poeta importante. Fue muy representativo de la poesía que se hizo en castellano a finales de los 60 principios de los 70 y después escribió una obra importante en catalán. Dignifica la nómina de ganadores del premio". Montero recalcó que el autor barcelonés reivindicó a finales de los 60 "una vuelta al modernismo y las vanguardias frente a la literatura de carácter más realista y más social". "El defendió el esteticismo y las referencias de carácter culturalista y lo hizo con mucha personalidad a partir del libro Arde el mar, que tuvo mucha repercusión y que abrió camino a una tendencia a la que en España dio nombre una famosa antología: Nueve novísimos poetas españoles, de José María Castellet", destacó el catedrático, que lo identifica con "la tradición de la poesía modernista de Rubén Darío y la reivindicación culturalista".

Sobre la posibilidad de que el jurado haya querido hacer un guiño al conflicto catalán con su elección, el poeta cree que podría ser algo positivo: "Hace poco estuve en el jurado del premio Pablo Neruda que se da en Santiago de Chile y voté a favor de Joan Margarit, que resultó ganador. Lo hice porque creía en la calidad poética de Margarit y Gimferrer tiene méritos suficientes para se reconocido como un poeta al que premiar. Pero si en el jurado ha influido el debate sobre Cataluña me parece incluso bien, porque acostumbrado a los gritos, peleas e insultos y la inercia de contrasentidos y enfrentamientos, querer tender puentes entre Cataluña y el resto del Estado español me parece una idea magnífica. Hubiésemos avanzado mucho si los políticos de la Generalitat y Gobierno de España hubiesen seguido ese camino".

José Carlos Rosales coincidió con García Montero en que la elección del escritor barcelonés sirve para ensalzar el galardón: "Me parece un premiado muy brillante. En cierta medida engrandece el Premio García Lorca no sólo como poeta en lengua española, también en catalana e italiana, por lo que lo universaliza más que cualquier otro ganador". Desde el punto de vista personal, Rosales explicó que los primeros libros de Gimferrer han sido muy importantes "tanto para mí como para toda una generación. Yo he aprendido muchísimo con Arde el mar o La muerte en Beberly Hills que leí con cuando era muy joven, con 17 o 18 años".

Rosales recordó la vinculación de Gimferrer con Granada. "Él tiene un poema relacionado con la Alhambra titulado En vela. Dentro de su estética, culturalista, es una especie de ensoñación sobre la Alhambra pintada, no sobre la Alhambra visitada. Hay muchas referencias de carácter orientalista que él toma desde el modernismo, a través de las que desemboca en el monumento nazarí. Probablemente lo leerá si viene a la entrega, como hizo Ángel González con su poema sobre la Alhambra", explicó.

Chus Visor, editor de Gimferrer, mostró su satisfacción por la elección del autor catalán. "Me parece fantástico porque es de los poetas más importantes de la segunda mitas del siglo y de los que más ha renovado la poesía española desde mediados del siglo XX hasta ahora. Arde al mar es un libro básico, así como La muerte en Beverly Hills", afirmó el famoso editor, para quien "el cambio total de la poesía española se debe a él". "El grupo de los Novísimos se mueve alrededor él, que es la cabeza visible", señaló. De su poesía, destacó Visor "la cultura, que es importantísima", y sobre todo "el manejo del lenguaje porque tiene ese adorno y ornamentación sin caer en vulgaridades, como le pasó a muchos".

Justo Navarro, escritor y traductor de algún poema de Gimferrer, consideró que su elección está "justificadísima" porque ha sido "un joven maestro para muchos poetas": "Siempre ha sido un escritor rompedor porque todo lo que ha publicado era inesperado". Y, si sus primeros libros eran capaces de "sintonizar con una nueva sensibilidad", cuando volvió al castellano en el 2000, hizo poemas "absolutamente sorprendentes y rompedores". "Siempre ha escrito como nadie se atrevía a escribir. Tiene la valentía que define a los grandes", aseguró Navarro, para quien el poeta catalán "siempre es magistral".

El último autor premiado fue Ida Vitale (Montevideo, 1923), poeta, ensayista, traductora, profesora y gata con siete vidas literarias a sus casi 94 años. Su currículum la avala: integrante de la Generación del 45, una de las hornadas más brillantes de escritores en la historia de Uruguay; autora de una veintena de poemarios y catorce libros en prosa; alumna de José Bergamín, de la Generación del 27; digna seguidora de Juan Ramón Jiménez; Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2015; y a partir del año pasado la galardonada con el Premio Lorca de Poesía que cede el testigo a Pere Gimferrer.

Muy lejos los relámpagos, de noche, y la alborada,

que me anuncian la furia de la luz matutina:

con alas de sirena, noche decapitada

por la gruta de sombras ciegamente camina.

Yo habitaba el jardín de la cárcel del hada,

la noche de Semíramis se encendió en el jardín,

y vi la estrella de la noche profanada

que presentía el alba como presiento el fin.

Fue entonces, en el tiempo perlado de romanzas:

tan convulsivamente con el rayo de las lanzas

devastaban la máscara maquillada del cielo.

En la Alhambra pintada de la azul galería

la esponja de la noche mis sueños deshacía, y era mi única estrella, en la tiniebla, hielo.

Odio a los adolescentes.

Es fácil tenerles piedad.

Hay un clavel que se hiela en sus dientes

y cómo nos miran al llorar.

Pero yo voy mucho más lejos.

En su mirada un jardín distingo.

La luz escupe en los azulejos

el arpa rota del instinto.

Violentamente me acorrala

esta pasión de soledad

que los cuerpos jóvenes tala

y quema luego en un solo haz.

¿Habré de ser, pues, como éstos?

(La vida se detiene aquí)

Llamea un sauce en el silencio.

Valía la pena ser feliz.

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