Pretencioso y fallido retrato

EEUU, 2007, Biopic. Dirección: Todd Haynes. Guión: Todd Haynes, Oren Moverman. Intérpretes: Christian Bale, Cate Blanchett, Charlotte Gainsbourg, Richard Gere, Heath Ledger, Julianne Moore, Michelle Williams, Bruce Greenwood, Ben Whishaw, Marcus Carl Franklin, Kris Kristofferson, Kyle Switzer. Música: Bob Dylan. Fotografía: Edward Lachman. Cines: Cinema 2000, Multicines Centro.

Después de haberse estrellado travistiéndose de Douglas Sirk con Lejos del cielo el esforzadamente extravagante Todd Haynes -autor también de Poison y Velvet Goldmine- se travistió de Fellini para rodar (hace dos años: llega con notable retraso) lo que se ha dado en llamar una visión poliédrica de Bob Dylan: una película de episodios en la que se presentan distintas visiones de un Dylan que es y no es él mismo, interpretadas por seis actores entre los que se cuenta una actriz -Cate Blanchett- que, curiosamente, construye el único retrato aceptable del cantautor.

¿Y qué pinta Fellini en esto? De una parte Fellini es el inventor del falso documental (Roma, I Clowns, Intervista, Prova d' orchestra), formato adoptado por Haynes para hacer su poliédrica aproximación al mito de Dylan; con tan mediocres resultados que las falsas entrevistas acaban recordando a las de Toma el dinero y corre de Woody Allen.

De otra parte Todd Haynes saquea Ocho y medio -la desdichada obra maestra felliniana también asaltada por Marshall en Nine- en las secuencias en blanco y negro que llegan a calcar el famoso inicio del atasco en el túnel o la introducción a la secuencia de los jardines de las termas.

Tampoco faltan esos elementos de atrezo imprescindibles en toda mala imitación de Fellini: circos, enanos, sueños… ¡Hasta aparece la ballena gigante de Il Casanova, para que no falte de nada! También al pobre Richard Lester, y a su maravilloso melodrama pop Petulia, le toca la china a través de uno de esos homenajes que en otras tierras se llaman plagios o parodias.

Y no faltan unas gotas del Jean Luc Godard que para una cierta intelectualidad cinéfila americana es un ornamento tan chic como el vino blanco en copa alta, las baguettes o el agua mineral Perrier.

Oscilando entre lo forzado y lo ridículo, lo cursi y lo pedante, lo impostado y la falsificación del cine de autor, la película alcanza su cumbre grotesca en el episodio del Viejo Oeste mal interpretada por un Richard Gere tan limitado como siempre. Gere se inserta en un reparto de lujo (Christan Bale, Heath Ledger, Julianne Moore, Charlotte Gainsbourg), supongo que atraído por lo que consideran Gran Cine de Autor, que se despilfarra en unas penosas sobreactuaciones.

Salvo, como ya se ha dicho, la inmensa y siempre sorprendente Cate Blanchett, único elemento -junto a la banda sonora- que justifica la visión de esta cosa. La idea de la que parte la película es interesante y atrevida. Pero a Haynes no le han dicho que el atrevimiento requiere una idéntica dosis de talento si no se quiere que la idea, por brillante y original que sea, acabe siendo un pretencioso mamarracho.

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