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Prieto Coussent:creador de fuerzas

  • Este año se ha cumplido el centenario del pintor de Ribadeo que se trasladó a vivir a Granada sin que se haya realizado ningún homenaje

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"Controvertido. Introvertido. Extrovertido". Así calificó el compositor y director de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, José García Román, al pintor Benito Prieto Coussent el 4 de febrero de 2001, el día en que murió, a los 93 años. Y no se equivocaba. Prieto Coussent dejaba tras de sí una obra brutal, impactante, llena de denuncias contra la sociedad. Extrañamente, y pese a la fuerza de sus cuadros, el artista, nacido en la localidad gallega de Ribadeo, ha permanecido casi en el olvido en los últimos años. En Granada, ciudad en la que vivió desde los años cuarenta nadie ha recordado que en 2007 se cumplía el centenario de su nacimiento. Pero ahí están sus cuadros.

"Benito Prieto Coussent siempre ha sido un pintor muy interesante y muy extraño", afirma por su lado otro pintor, Jesús Conde, un creador que siempre admiró al gallego. "Lo que sucede es que no estaba dentro de la escuela de los pintores que ahora se llaman modernos. Picasso decía que la Historia del Arte se compone de dos tipos: el de la novedad y el del retorno al orden. Prieto Coussent pertenecía a este segundo tipo. Pero el tiempo pondrá las cosas en su sitio y al final los grandes pintores del siglo XX serán Julio Romero de Torres, Zuloaga o Prieto Coussent. Era un pintor tremendamente serio".

Tan serio que puso en vilo al mismísimo Salvador Dalí. Eso fue en los años cuarenta. Benito Prieto Coussent, un creador humanista, rebelde y profundamente cristiano, hizo toda clase de estudios, desde arqueológicos hasta fisonómicos, para pintar a un Jesucristo crucificado lo más realista posible. Analizó cómo los romanos realizaban sus crucifixiones, qué materiales utilizaban, cómo era todo el proceso de la tortura. Incluso ensayó con cadáveres reales. Al final pintó un Crucificado que fue un impacto total en la España de su tiempo.

Un día, en el Museo del Prado, se le acercó un antiguo compañero de estudios: Salvador Dalí. El artista de Cadaqués había visto el Cristo de Prieto Coussent y se había quedado conmocionado. "Hagamos algo, Benito", le propuso. "Tú píntame una serie de Cristos como ése y yo les pintaré el fondo. Me llevo las obras a Estados Unidos y las venderé allí. Sacaremos mucho dinero".

No muy convencido por la propuesta, Prieto Coussent acudió a pedir ayuda a un antiguo profesor de arte. "Si le das tus Cristos a Dalí", le advirtió el maestro, "te quedarás sin Cristos y te quedarás sin dinero". Al oír aquello, Prieto Coussent decidió rechazar la oferta del pintor catalán. Éste se enfadó mucho. "Yo te he hablado de un genio a otro genio, y tú me hablas de un pintor a un marchante. Si crees que te hice la propuesta porque no sé pintar un Cristo Crucificado, te demostraré lo equivocado que estás", le espetó Dalí. Poco tiempo después, alumbró su Salvador. Prieto Coussent siempre se arrepintió de haber rechazado la oferta.

Aquella serie de Cristos de Prieto Coussent nació en Granada, concretamente en Padul, adonde el pintor gallego se trasladó a vivir cuando conoció a la que sería su mujer, la paduleña Antonia Rejón. Allí tomó como modelos para sus crucificados a los vecinos del pueblo, que comenzarona comentar que los Cristos no estaban clavados a la cruz, sino atados, y que la cruz eran dos trozos de palos. Los rumores llegaron hasta el cura del pueblo, quien se opuso a que Prieto Coussent siguiera pintando. Incluso amenazó con un "trisagio" por el alma del pintor. Al final tuvo que intervenir la curia diocesana que, tras consultar con los jesuitas, decidió permitir que Prieto Coussent terminara su cuadro.

El pintor, sin embargo, insatisfecho de su obra, decidió un día arrojarla por la ventana y se marchó a Granada. Su mujer aprovechó la ausencia para ordenar que la enviaran a Madrid, a la Bienal Iberoamericana de 1948. El cuadro obtuvo el segundo premio y despertó el interés del mismísimo Francisco Franco, cuyas tropas habían estado a punto de fusilar a Prieto Coussent durante la Guerra Civil de no haberse refugiado en el Monasterio de Guadalupe, en Cáceres, ocultado por los monjes.

"Era un pintorazo", recuerda por su parte otro artista granadino, Cayetano Aníbal González. "Su espíritu es el espíritu que se mantiene a lo largo de toda la Historia del Arte". Cayetano Aníbal González recuerda que en su juventud, en el viaje de fin de curso, había visto en el Monasterio de Guadalupe un cuadro que le había impactado muchísimo, un cuadro que mezclaba estrellas y submarinos. Muchos años después sabría que era de Benito Prieto. "Con él he tenido charlas muy jugosas. Tenía una memoria impresionante. Siempre fue de un expresionismo muy exaltado. Yo admiraba su forma de enfocar el arte".

"Benito Prieto era un artista de una radicalidad inusitada", recuerda José García Román. "Él entendía la crisis de los valores morales humanos y estéticos. Él percibía muy bien el dolor y la tragedia de los hombres". Prieto Coussent, precisamente, regaló a la Academia de Bellas Artes, uno de sus cuadros más famosos, un retrato del Padre Damián, el misionero que trabajó con los leprosos de la isla de Molokai.

"Yo recuerdo", rememora por su parte Jesús Conde, "que siendo niño vi la película del Padre Damián y no me gustó nada, me hizo vomitar. Después vi el retrato del Padre Damián y pensé que aquello sí era arte... No sabía que lo había pintado Prieto Coussent".

Gran parte de la obra del pintor gallego se encuentra hoy en la Facultad de Bellas Artes de Granada, como sus dibujos preparatorio del Cristo Crucificado. Poco antes de morir, el artista donó al Vaticano un cuadro de dimensiones mayores que el Guernica de Picasso titulado Pax Mundi. Juan Pablo II se había interesado personalmente por él. El profundo humanismo de sus cuadros, su concepción rabiosa de la justicia, han hecho de su obra todo un grito. Aunque él siga olvidado.

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