Rafael Juárez: memoria y deseo

  • El director de la Fundación Francisco Ayala regresa a las librerías con el poemario 'Medio siglo', un libro en el que asoman la soledad, el amor y la muerte en una búsqueda de la claridad y de lo universal

Antes de ser director de la Fundación Francisco Ayala, Rafael Juárez fue librero y editor, pero la "gran ilusión" de su vida ha sido siempre la poesía. A ella vuelve con su poemario Medio siglo, en el que la soledad, el amor, la muerte y "el debate sin tregua entre memoria y deseo" inspiran sus versos. "Oculto como Borges o entregado/ como Lorca, cada hombre tiene dos/maneras de vivir enamorado:/ yo he vivido perdido entre las dos./ Silencioso en la línea de Machado/ y elocuente en la lengua de Neruda,/ ni he dicho lo que pude ni he callado:/para cada pasión tuve una duda".

En esos versos iniciales de su nuevo poemario, Juárez (Estepa, Sevilla, 1956) apela a algunos de los poetas que más le gustan para dejar claro que en ellos encontró compañía y que él escribe a su vez para darla.

Y es que, como afirma el autor, "la compañía es uno de los motivos del libro: al crecer nos vamos quedando solos y la soledad es un estado placentero y venenoso. Pero nadie está solo si tiene un libro cerca, o dentro de su memoria". Perteneciente a "una familia de buenos aficionados" a la poesía, Juárez descubrió que le gustaba escribirla en sus años de internado en un colegio religioso de Sevilla, "después de leer infinitas veces los versos de Antonio Machado", poeta a cuya estela cree pertenecer el autor de poemarios como Otra casa, Las cosas naturales, Aulaga y Lo que vale una vida.

Libro a libro, su poesía ha ido evolucionando "hacia la claridad y la búsqueda de lo universal como materia del poema", aunque Rafael Juárez espera que eso no lo haya "alejado de la gracia, cualquier tipo de gracia, que debe distinguir a un poema de otro".

Esa gracia impregna muchos de los poemas de Medio siglo, con los que el escritor aspira a causar "una emoción que pueda ser revivida" por el lector.

"Si sumas los secretos de tu vida,/ lo que no saben quienes más te importan,/ qué has hecho que no sea huir,/ enterrar cada paso en una sombra./ Caminar por el campo cuando llega la noche,/ o imaginar despierto, mientras que vuelve el día,/ que descubres tu vida a quien no te conoce,/ o escribir, son maneras de asegurar la huida", afirma Juárez en uno de los poemas. La poesía "es también una gran evasión", pero en esos versos "no hay huida, se dice toda la verdad y nada más que la verdad", asegura en su entrevista el autor, que ha distribuido en apartados los 50 poemas de Medio siglo, publicado por Pre-Textos.

Son poemas inspirados en "una estancia en Italia, un paseo hecho de muchos paseos por el borde urbano de Granada, una pausa junto al mar, el relato de un amor renacido" y ese debate entre memoria y deseo, más presente que nunca "ahora que estamos en abril, el más cruel de los meses".

El poemario se abre con una cita de Juan Ramón Jiménez: "Cantando las cosas nos hacemos la ilusión de que son como nosotros las cantamos. De no ser así, nada hallaríamos digno de nuestras canciones". De haber un hilo conductor en ese medio centenar de poemas, "quizá sea la ilusión; la poesía ha sido la gran ilusión de mi vida: la he necesitado para que las cosas fuesen como yo las cantaba", asevera el director de la Fundación Francisco Ayala.

A Rafael Juárez le encanta, como a Antonio Machado, pasear y leer. "La actividad física es un poderoso estimulante de la inspiración" y durante años ha creado sus poemas "caminando, de memoria". Aunque en Medio siglo hay una peculiaridad: seis de los sonetos del libro están escritos caminando, pero sobre la cinta continua de un gimnasio...", comenta el autor, que domina con soltura envidiable cualquier tipo de rimas. "Ya me gustaría a mí poder utilizar el verso libre sin llenarlo de ripios; escribir versos como los que escribió Blas de Otero, o los que escriben estos días María Victoria Atencia, José Jiménez Lozano o Pablo García Baena. Si supiese dónde se aprende, me matricularía", dice con humor.

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