Rarezas del teclado español

  • Alejandro Casal graba una de las colecciones más atípicas de la música para teclado escritas en la España del XVIII, las 'Recercatas, fugas y sonatas' de Sebastián de Albero

El compositor navarro Sebastián de Albero (1722-1756) pudo haber sido el gran virtuoso de la música española para teclado del siglo XVIII de no haber muerto prematuramente, apenas con 34 años, un caso similar al de su contemporáneo portugués Carlos Seixas, que sólo vivió cuatro más, pese a lo cual es una de las grandes figuras históricas del país vecino. Para el clavecinista Alejandro Casal (Sevilla, 1970), "estamos acostumbrados a ver la historia de la música como una sucesión de grandes compositores, pero esos maestros fueron posibles por un estilo que se desarrolló también merced a otros. Si Scarlatti, Soler o Blasco de Nebra son hoy ya bien conocidos es gracias a figuras como la de Albero y las de algunos otros compositores tan poco famosos como él que contribuyeron al desarrollo de este estilo".

Organista de la Capilla Real con sólo 24 años, Albero dejó dos colecciones: las Treinta sonatas para clavicordio, cuyo manuscrito se conserva en Venecia, y las Obras para clavicordio, que custodia la Biblioteca del Conservatorio Superior de Madrid. Conviene aclarar que el término clavicordio se usaba en la época para el instrumento que hoy conocemos como clave, es decir, de cuerda pinzada, mientras que para nuestro actual clavicordio, esto es, el instrumento de cuerdas percutidas antecedente del piano, se prefería en el Siglo de las Luces español el término de monacordio.

La segunda de estas colecciones, que incluye seis grandes obras en una estructura por completo extraña a la tradición hispana (Recercata, Fuga y Sonata), ha sido llevada por primera vez al disco de forma integral por Alejandro Casal, profesor de clave del Conservatorio Superior Manuel Castillo, en un doble CD que publica el sello holandés Brilliant. "Hay una teoría, creo que del musicólogo Antonio Martín Moreno, según la cual con esta forma de tríptico Albero quería demostrar su dominio en estilos muy diversos: con la recercata, la fantasía, la capacidad de improvisación, el manejo extravagante de las armonías; con la fuga, el contrapunto, el estilo dominante del Barroco; y con la sonata, una forma moderna, a la moda, y en este caso no me refiero a la sonata ya clásica, sino a la bipartita típica de Scarlatti".

Para Casal, el principal interés de la colección está en las Recercatas: "Es lo más original de los trípticos. Se trata de improvisaciones escritas, lo que puede considerarse único en la música de tecla española. No se conservan otros ejemplos que se parezcan a las de Albero ni por la longitud ni por la fantasía ni por la calidad. Soler tiene sus Preludios, pero son mucho más cortos y no presentan este grado de fantasía en la improvisación. En primer lugar, Albero utiliza una terminología ya obsoleta para el XVIII, la de recercata. Pero además estas obras no tienen nada que ver con el sentido tradicional de la recercata. Nada que ver con las recercadas de Diego Ortiz [músico del siglo XVI] ni con los ricercares italianos ni con los de Bach, que son piezas parecidas a la fuga. Las de Albero son obras por completo improvisadas, que recuerdan a los preludios sin medida de los maestros franceses del siglo XVII, Louis Couperin, D'Anglebert, etc. Todas las recercatas están escritas por Albero ad libitum, y además no usa barras de compás en ellas, sólo la figuración de corcheas, por lo que da una libertad extraordinaria, y no solamente rítmica, sino también armónica, ya que las obras están llenas de enarmonías extrañas y modulaciones bruscas, algo sorprendente para la época".

En cuanto a las Fugas, para el clavecinista sevillano se trata también de ejemplos raros de encontrar en la música española: "Hay una tradición que podemos hacer arrancar si queremos de Cabezón, que pasa por Correa y luego por Cabanilles y por José Elías, discípulo de Cabanilles y maestro de Albero. Elías, que fue organista en el Convento de las Descalzas Reales de Madrid, dejó escritos unos grandes tientos para órgano. Su influencia en Albero es importante como muestran algunas de estas fugas, que son descomunales, de más de 500 compases. Es una tradición que termina con él. En todo caso, las seis fugas son muy diferentes: y tienen aire de danza, las otras recuerdan a la música de órgano. Están escritas a tres voces, y en algunas introduce glosas rápidas para la mano derecha. Son obras muy densas. De hecho, se ha conservado una versión acortada de las fugas hecha por aquellos años, lo cual viene a decirnos que esa extensión y esa densidad ya chocaban en su misma época".

En opinión de Casal, las Sonatas "no tienen quizás la enjundia de las de Soler o las de Scarlatti. De haber sido más longevo, Albero habría llevado ese tipo de sonata a un nivel de desarrollo que no podemos imaginar. En cualquier caso, algunas sonatas atribuidas un día a Scarlatti resultaron ser suyas, por lo que tampoco puede considerarse música intrascendente".

La grabación se realizó en el estudio Sputnik de Sevilla con Jordi Gil de ingeniero de sonido y para ella Alejandro Casal empleó un clave copia de un Antunes, "el ideal para la música ibérica del siglo XVIII, uno de los grandes ejemplos de construcción que había en la península por entonces. Antunes es el representante de una larga saga de constructores de claves (y luego de pianos). El mío es copia de un instrumento muy largo, dos metros y medio, de los más largos que conocemos, de gran extensión (cinco octavas y una nota, en concreto) y con un tipo de construcción que le da un sonido muy presente, muy italiano, pero a la vez con una articulación muy española. Ideal para este tipo de música".

En el futuro Alejandro Casal pretende sumar al contexto de la tecla española del XVIII "a otros compositores poco conocidos, como Josef Ferrer". "Me gustaría grabar también las Sonatas de Joaquín Montero, un compositor sevillano que fue organista en la iglesia de San Pedro -explica-. Su colección es posiblemente la primera de la música española en la que se señala específicamente al pianoforte como destinatario, y me gustaría registrarla con un piano de época, pero no es fácil. Aparte de estos autores poco conocidos para el aficionado, pero ya bien estudiados, hay todavía mucha música de la época por descubrir. Scarlatti y Soler son los auténticamente grandes, y lo seguirán siendo, pero hay un repertorio cercano a ellos que vale la pena rescatar, y ese rescate hay que afrontarlo sin complejos".

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