Reflexión budista sobre la condición humana

víctor ullate ballet

Programa: 'Samsara'. Coreografía: Víctor Ullate. Música: varios autores. Escenografía: Paco Azorín. Diseño de Vestuario: Ana Güel. Lugar y fecha: Teatro del Generalife, 10 julio 2015. Aforo: Lleno.

El espectáculo Samsara se inicia con la proyección de una frase del XVI Dalai-Lama: "La verdadera esencia del ser humano es la bondad. Existen otras cualidades provenientes de la educación y la sabiduría, pero, si uno quiere convertirse en un verdadero ser humano y dar un sentido a su existencia, es esencial tener buen corazón". En la proyección aparece una ambulancia, el latido de un corazón -seguramente de la propia experiencia de Ullate cuando estuvo cerca de la muerte, para posteriormente abismarnos en una especie de documental en blanco y negro sobre la barbarie humana, los genocidios nazis y de tantos otros exterminios, el dolor de la guerra, de seres masacrados por las bombas, de niños muertos bajo el cobijo del cuerpo de sus madres también muertas. Es la terrible condición humana que, también, va desarrollando otros aspectos de esa condición: la vida misma, el amor, el respeto, el yo y el tú, la alegría o la muerte, entre sombras siniestras y enlutadas encargadas de atrapar al ser humano que, al fin y al cabo, lucha por su hoy.

El espectáculo tiene constantes referencias a citas budistas, proverbios populares de la India, Egipto, Nepal, China, Japón, de la que extrae los elementos musicales para desarrollar la reflexión intelectual a la que dará vida la danza, los movimientos del cuerpo, la estilización perfecta en unión con los sonidos, el ritmo y la idea interiorista que late en esta "danza de la vida -como dice Ullate-, el lugar donde despertar y quitarnos el sueño de la ignorancia". La de creernos eternos, por ejemplo, cuando "el momento presente es lo úico que tenemos… Sólo a través del amor se puede trascender el sufrimiento".

Esta filosofía que Ullate deja empresa en el programa se desarrolla en una visión coreeográfica de calidad, de una perfección no muy habitual en las compañías de danza, donde cada bailarín no es un elemento más del grupo, sino protagonista esencial de su mensaje. Para ello tiene que contar con un nutrido grupo de muy alta escuela, de gran calidad técnica y poder comunicativo que, además, bordan las situaciones virtuosistas, que las hay, en pasos a dos o más, en danzas solitarias o en los grupos de mujeres u hombres, que, antes del final, demuestran su calidad de primeros bailarines, para agruparse, todos, en una danza frenética llena de fuerza.

El espectáculo, sin interrupción, no deja ocasión para desconcentrarse del mensaje de paz y de amor. Es tal la sucesión de variedad dramática, desde atractivos pasos a dos, solemnidades rituales, dramatismo de enlutadas y de burkas, agilidad danzante de protagonistas que uno admira, no sólo ya la idea o reflexión puramente budista u orientalista, sino que sigue la evolución de danzantes, que en sus individualidades son capaces de demostrar ser no sólo número, sino principales elementos de comunicación. La lista seria enorme. Me quedo sólo con algunos nombres, los del paso a dos de Laura Rosillo y Josué Ullate, las solistas Leyre Catresana y Ksenia Abbazova, o el formidable grupo de hombres, con Lorenzo Agramante, José Becerrea, Alejandro Bretones, Fernando Carratalá, Cristian Elivieri, Phlippe Solano o Josué Ullate de un final enervante.

Pero sería injusto olvidar a cada uno de los que forman esta compañía de la Comunidad de Madrid. Son formidables bailarines y bailarinas, formados en la alta escuela de Ullate. Un coreógrafo y director que obtuvo los más unánimes y justos aplausos y bravos, con el resto de su compañía, que he escuchado en este notable ciclo de ballet que lo cerró con tanta brillantez el maestro Víctor Ullate, en una reflexión, al final, todos vestidos de blanco, de lo que se desprende del propio título de Samsara, una profunda y bella -no exenta de dramatismo- reflexión sobre la condición y los sentimientos humanos y una petición contra todo tipo de violencia, ya que como repite el Dalai Lama y preside toda la obra: "La verdadera esencia del ser humano es la bondad".

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