Resnais, Robbe-Grillet y el puzzle moderno de estímulos

Película polisémica, que excita como pocas la tentación hermenéutica en un espectador a la vez absorbido y desplazado por la avalancha fragmentaria y polifónica, El año pasado en Marienbad ha llegado a nuestro mercado en una cuidada edición a cargo de Cameo, que arropa el máster de la Criterion con interesantes extras -el ensayo documental En el laberinto de Marienbad, dos cortos de Resnais (Van Gogh y Le chant du styrène), y un librito de Carlos Losilla (La perversidad del cine moderno o breve guía para pasear por Marienbad), gran conocedor del cine del francés y especialista en las rimas, rupturas, desviaciones y continuidades entre lo clásico y lo moderno cinematográfico (superando el escollo teleológico de la historiografía tradicional)-.

Resnais, que ya había contribuido a la emergencia de la nouvelle vague con Hiroshima mon amour (1959), confirmaba en El año pasado en Marienbad su adscripción a la revolución moderna, al tiempo que se apartaba de determinados rasgos de estilo de los primeros trabajos de Truffaut, Godard, Chabrol, Rozier y compañía, en especial del de la urgencia desprejuiciada, el intenso coqueteo con lo real una vez que las técnicas del directo hubieron horadado las artificiales fronteras que separaban documento y ficción: en Resnais, como en otros compañeros de la orilla izquierda del Sena, resplandecía desde sus pequeñas obras documentales la predilección por el detalle, el gusto por una determinada rigidez formal, aristocrática y desapasionada, que cobraba vida gracias a un montaje que rompía la horizontalidad a partir de contrapuntos visuales y sonoros. Y en esta confirmación estilística de la que hablamos, como antes Marguerite Duras y la especial cadencia rítmica de sus palabras, tuvo una influencia capital Alain Robbe-Grillet, el ilustre representante de esa nouveauroman igualmente fragmentaria, abúlica y severa que escribiera la historia y el guión de El año pasado en Marienbad.

Filme hipnótico, repetitivo, obsesivo, que implica intelectualmente al espectador a partir de un desarrollo en rizoma donde los brotes y reflejos inesperados confirman la ausencia de centro, El año pasado en Marienbad obtiene enormes réditos de virtualidad de una mínima y ambigua historia sin actualizar: el encuentro en una especie de hotel o balneario crepuscular entre un hombre y una mujer que pueden o no haberse conocido con anterioridad; él dice haberla conocido el año pasado en aquel o en otro lugar parecido y que ella le pidió que esperasen un año para escapar juntos; mientras, ella, ya tajante, ya escurridiza, niega este previo encuentro. Vuelta de tuerca al tema de la memoria y la representación mental, este cuento de estatuas o zombis entre los que se abre la posibilidad de un cambio, de una puerta de salida al laberinto, condensó la historia del cine, poniendo a bailar a lo clásico y lo moderno en un momento de aparente ruptura traumática.

Director Alain Resnais. Cameo.

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