Revolución sin tele

  • Gil Scott-Heron regresa del crack, el sida y la cárcel para soltar sus demonios en un disco soberbio, 'I'm new here'

Gil Scott-Heron es una de las figuras más influyentes en el devenir de la música negra posterior a los 70. Precursor del rap y el acid jazz, poeta urbano, músico de jazz-funk poseedor de una dulce y cálida voz de terciopelo y activista político en una época convulsa, Gil nace en Chicago en 1949, pasa su infancia en Tennessee y su adolescencia en el Bronx neoyorquino. Su primer libro de poemas lo tiene listo a la edad de 13 años y a partir de ahí se labra una merecida reputación como novelista, poeta de la transgresión y cronista de la cultura afroamericana. A finales de los 60 comienza a colaborar con el legendario productor de jazz Bob Thiele y en 1970 publica su debut discográfico. Durante la década vivirá su época dorada y al éxito del polémico The revolution will not be televised, una diatriba contra los medios, seguirán otros en los que glosa el deterioro provocado por ciertas adicciones con The bottle y Angel dust, o plantea ácidas reflexiones contra el apartheid (Johannesburg) o el mismísimo presidente de los Estados Unidos, el entonces sonriente Ronald Reagan (B Movie o Re-Ron). Con los 80 irrumpe el hip hop como modelo dominante en la comunidad negra pero la estrella de Scott-Heron, que paradójicamente es reconocido como uno de los más claros precedentes del género, se apaga irremisiblemente arrollado por la apisonadora de la música urbana, alérgica al ejercicio nostálgico. Es entonces cuando entra en la espiral autodestructiva que lo arrastra al consumo de crack primero, a contraer el VIH después y a la cárcel finalmente. Durante veintitantos años ha vivido, sin atisbo de autoindulgencia o de rencor, según descubrimos ahora, de espaldas al oropel de la primera línea. Dieciséis años después de su último intento por resurgir, se presenta I'm new here, un álbum que no llega a la media hora y en el que se muestra digno y certero, con una voz algo ajada pero firme que transmite una extraña sensación de sabio que ha exorcizado todos los malos sentimientos que uno podría pensar que ha albergado un hombre devastado durante años de descenso a los infiernos. Y eso a pesar de que el material propio se reduce a unos cuantos recitados diseminados entre varias versiones esclarecedoras: Me and the devil de Robert Johnson, la que titula el disco, de Bill Callahan. I'll take care of you de Brook Benton. Así que no se trata de nada parecido a una vuelta triunfal. De hecho el disco es un empeño de Richard Russell, jefe de XL Recordings, que hace más de dos años lo visitó en prisión y le propuso volver a grabar. El resultado es el poético testimonio de un superviviente.

Gil Scott-Heron XL Recordings

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