Robert Aldrich, la violencia como crítica

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Hace ahora veinticinco años moría en Los Angeles uno de los directores más carismáticos del cine norteamericano de postguerra, Robert Aldrich, que había llegado al mundo 65 años antes en Rhode Island. Director, guionista y productor, su cine, violento y crítico, llevó siempre un sello personal que le hacía inconfundible y que resulta fácilmente reconocible en títulos como Veracruz, Apache, Sodoma y Gomorra, Doce del patíbulo o ¿Qué fue de Baby Jane?.

Robert Aldrich disfrutó de la infancia tranquila que le proporcionó una familia acomodada en la que su abuelo llegó a ser senador por el partido republicano, su padre era el editor de un periódico y su tío llevaba el emblemático nombre de John D. Rockefeller Junior. Sin embargo, el joven tenía inquietudes distintas a las de sus progenitores y en 1941, tras estudiar Economía en la Universidad de Virginia, desembarcó directamente en el mundo del cine.

Sus primeras experiencias como director las tuvo en la televisión, pero pronto le llegó la oportunidad en la gran pantalla y en 1953 rueda su primer largometraje, La gran liga, un drama ambientado en el mundo del béisbol. Un año después, el mundo del cine fue consciente de su potencial cuando Aldrich rodó los western Apache, con Burt Lancaster y Jean Peters, y Veracruz, protagonizada de nuevo por Burt Lancaster que, en esta ocasión, compartía reparto con Gary Cooper y una jovencísima Sara Montiel.

Después vendrían títulos tan meritorios como El beso mortal, un film de suspense en el que el director advertía, en plena Guerra Fría, sobre los peligros que representaba la carrera en pos del armamento nuclear, o The Big Knife, con Jack Palance como protagonista y en la que Aldrich aprovecha para hacer un crítica demoledora a la industria cinematográfica de Hollywood. La película fue premiada en el Festival de Venecia de 1956, como lo serían al año siguiente su alegato antibelicista Ataque en el mismo festival y Hojas de otoño, por la que consiguió el premio al mejor director en el Festival de Berlín. Pero las críticas de Aldrich no fueron bien recibidas en la Meca del cine, de hecho se le despidió en pleno rodaje de Bestias de la ciudad, y llevaron al director, siempre decidido a luchar contra el omnímodo poder establecido de los grandes estudios a producir sus propias películas.

Una labor de producción de sus films que pudo en buena medida costear gracias al gran éxito comercial que obtuvieron algunos de sus trabajos como ¿Qué fue de Baby Jane?, con Bette Davis y Joan Crawford, las dos hermanas cuya fraterna lucha en la pantalla finaliza con un asesinato; Sodoma y Gomorra, en la que focaliza su habitual violencia tras la cámara en un tema claramente erótico ; y Doce del patíbulo, un clásico del cine bélico más violento que unió en la gran pantalla a un ramillete inolvidable de actores entre los que figuraban Lee Marvin, Charles Bronson, Donald Sutherland, Ernest Borgnine, George Kennedy o Telly Savalas. A estas seguirían muchas otras como Comando en el mar de China, o Así nacen los héroes realizada en 1970, en plena guerra de Vietnam.

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