Sabores, un espectáculo para 'gourmets' sin prejuicios

  • La bailaora gaditana derrochó anoche energía, elegancia y carisma en el Palacio de Congresos con la fuerza y la belleza del espectáculo que cierra su trilogía dedicada a los 'Sueños' y las 'Sensaciones'

Sara Baras se ha hecho un traje a su medida. Y le queda realmente bien. Sara se lo guisa y Sara se lo baila. Suya es la dirección, la coreografía, el diseño de luces y de vestuario, escenografía... El resultado, Sabores, es una obra para gourmets sin prejuicios que ayer llenó el Palacio de Congresos y que hoy repite con las mismas expectativas. El único que se puede sentir incómodo por el doblete es Juan Andrés Maya, que coincide esta noche con la gaditana en el Isabel la Católica su visión de La Pasión de Jesucristo a lo Mel Gibson. Pero no debe inquietarse. Su público es otro. Un público flamenco.

Sara Baras fue ayer un imán para los ojos. Donde ella estaba allí apuntaron las miradas de los espectadores. Y es tan cercana que hasta las butacas más alejadas del escenario notaron su aura de gran estrella. En una palabra: carisma. Y elegancia; la misma con la que los espectadores fueron a su cita con la gaditana, convenientemente emperifollados. Nada que ver con un concierto de heavy metal; los afilados tacones de las damas que ayer acudieron al Palacio de Congresos desentonarían tanto como un dandi con lamparones.

Sara Baras sabe que, a estas alturas, tiene el aplauso a compás asegurado. Pero no por eso baja la guardia ni hace como su homólogo Joaquín Cortés durante una actuación en Lisboa: salió al escenario, se sentó, tocó la caja y desapareció entre el estupor del público. Cosas de los divos de barba recortada. Por contra, la gaditana derrochó en Granada energía y ganas con un repaso a los palos más significativos del flamenco y una bulería final que evocó un café cantante. Pero al comienzo los artistas de su compañía simularon sobre el escenario estar en camerinos hablando en corrillos en una bella estampa que acabó por rumbas. Después, Sara Baras salió de la penumbra.

Y Sara, como no puede dar "buenas noches Granada" como los cantantes, se lanzó a bailar. Y lo hizo como siempre, sin sorpresas, con un zapateao diabólico y cada vez más expresiva con los brazos. La degustación de Sabores comenzó con la pieza Bolero y continuó con tangos, A fuego lento junto a los bailaores Luis Ortega y José Serrano, La noche oscura, seguiriyas, tarantos, alegría, martinetes, zambra, soleá por bulería y la Bulería de la Concha.

Exactamente igual que en el Festival de Música y Danza de 2006, cuando Sara Baras llevó el mismo espectáculo al Teatro del Generalife. Sin embargo, lejos de presuntos elitismos, la actuación de ayer dejó otro sabor de boca porque el público de Sara Baras no es en su mayoría el que acude a festivales y peñas flamencas.

A estas alturas, a Sara Baras no le impresiona ningún escenario y en su actuación de ayer dejó patente el rodaje de sus Sabores desde su estreno en 2006 en el Teatro de los Campos Elíseos de París. Nadie chirría en el escenario y el montaje discurre engranado, sereno hasta en los momentos en los que Sara Baras deja entrever la fiera que lleva dentro. Es un montaje bien hilado; tanto es así que hasta el vestuario de los bailaores varió según el distinto significado de los palos de flamenco. Y claro, hablando de vestuario, Sara Baras descolla. Es bella, esbelta y natural. No necesita maquillaje ni en su baile ni en su cara. Incluso cuando se envolvió en un mantón 'a lo María Dolores Pradera' derrochó comedida sensualidad, como cuando, al final del espectáculo, apareció con una rosa roja -sin espinas- en la boca.

Es la 'niña de mis ojos' del mismísimo Paco de Lucía. Cuando le otorgaron el Premio Príncipe Asturias recibió a los periodistas en un patio y, a su lado, estaba Sara Baras, más contenta que el propio tocaor de Algeciras. Y ayer fue la 'niña de los ojos' de los casi dos mil espectadores que llenaron el Palacio de Congresos. Se fueron con el buen sabor de boca de ver a una diva sin divismos. Y, tratándose del Día de San Valentín, enamorados de su baile.

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