El caso El Secadero se extiende con precintos y multas a varios pubs

  • Locales como Peatón y desde hace una semana también SugarPop están obligados por Medio Ambiente a detener cualquier tipo de actividad musical en su interior

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Algo está pasando en la ciudad de la música. Precintos policiales, multas cuantiosas, cierres precipitados y hasta condenas de prisión se están convirtiendo en los últimos meses en la constante de muchos de los locales que en su día apostaron por promover las actuaciones en directo y la cultura nocturna. Al Playmobil Club, Peatón y El Secadero -cada uno, no obstante, por motivos diferentes aunque relacionados- se les acaba de unir muy a su pesar la sala SugarPop, que este fin de semana se quedará sin abrir por la decisión impuesta por los técnicos de Medio Ambiente del Ayuntamiento.

"Están yendo a por todos nosotros descaradamente", aseguró ayer Nino López, dueño de SugarPop. "Tenemos un limitador de sonido fijado en 91 decibelios que nos obligó a poner el Ayuntamiento, pero cuando los técnicos midieron con su sonómetro la música que poníamos con la sala vacía el resultado fue de 96,6, justo un 0,96 más de lo establecido para ser multado [96]", explicó el dueño, quien recalcó que no existe ninguna queja de ruidos por parte de los vecinos ya que el local está perfectamente insonorizado y lo inverosímil de esa medición, ya que el limitador está precisamente para que la música no supere esos 91 decibelios establecidos.

El caso es que esos 0,6 decibelios de más se han traducido en el precinto del equipo de sonido y en una multa de 6.300 euros para el dueño, más las pérdidas que supone el cierre de la sala durante el fin de semana, que si bien no ha venido impuesto, sí que se trata de la decisión más lógica teniendo en cuenta que los locales nocturnos, por definición, deben ir acompañados de música.

Porque lo de hacer conciertos es ya otro tema. La programación estable que se venía manteniendo en los últimos meses en SugarPop -con las actuaciones de bandas internacionales y una hora máxima de finalización que nunca superaba la medianoche- se tuvo que transformar en pequeños conciertos acústicos y, de ahí, se pasó a la suspensión general de cualquier tipo de actividad.

Algo parecido fue lo que sucedió a principios del mes de marzo en el pub Peatón, donde los técnicos de Medio Ambiente hicieron la medición durante uno de los conciertos habituales de su programación y, tras revisar la tabla de registros del limitador del sonido, comunicaron a su dueño la obligación de detener cualquier actividad musical allí y de pagar una multa con los consabidos 6.300 euros.

"Es algo totalmente desproporcionado. No existe ninguna queja por parte de los vecinos, el local está insonorizado y pagamos sin falta nuestros impuestos que después van a parar a tapar los desperfectos que se causan en actividades como el macrobotellón, que todos sí parecen ver bien", señaló ayer José Antonio Sánchez, dueño del pub. Así, desde hace unas semanas, Peatón se ha visto obligado a replantear por completo su propuesta, suspendiendo todo tipo de conciertos y abriendo al público aunque sin música.

"Es una lástima. Se está matando al mundo de la cultura en esta ciudad", destacó Sánchez.

Lo que en este mes ha tomado un cariz desproporcionado viene de un poco más lejos. De todos es conocida la multa que se le impuso en su día a la sala Planta Baja que llevó al cierre del local durante más de un año y que aún hoy sigue dando coletazos y va cumpliéndose con cierres periódicos de tres meses todos los veranos. Y ahí sigue también como puede el Playmobil Club, echando mano del ingenio para salir airoso en la lucha de ser un local que no puede poner ni tan sólo una suave sintonía de fondo.

El resto de los pubs y salas que por el momento no han recibido 'visitas' ni mediciones sorpresas ya han tomado precauciones por su cuenta y han limitado a ninguna sus actividades de actuaciones musicales, proyecciones audiovisuales o recitales de poesía. Claro que teniendo en cuenta el ejemplo reciente de la sentencia a dos años y seis meses de prisión y una multa de 4.560 euros a José Luis Sánchez, dueño de El Secadero, es evidente que las cosas siempre pueden ir a peor. Promotores, músicos y aficionados siguen recogiendo firmas de apoyo a Sánchez por lo que consideran "una sentencia inquisitorial" a uno de los locales que más se ha preocupado históricamente por promover actividades ya no sólo musicales, sino también de teatro y de talleres para niños.

Ahora, la vista está puesta en el futuro. Hay quienes aseguran que todo lo que hizo que a Granada se la llamase en su día la ciudad de la música está ya más que perdido y va a ser muy difícil que vuelva a ocupar el lugar de honor que tenía en la cultura en Andalucía. Así que si la crisis que lleva meses obligando a los promotores de esta ciudad a realizar malabares con el dinero para programar no era suficiente, ahora hay que añadir las pocas salas que podrán resistir a las embestidas.

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