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Shanghai, mon amour

  • En las Navidades, regalar alguna buena novela negra, de intriga o de misterio siempre es una baza segura l Almuzara ha publicado la segunda entrega de las aventuras del inspector ChenEl protagonista es un funcionario cumplidor, caballeroso y circunspecto, aficionado a la poesía y a la filosofía, que en sus ratos libres traduce al chino relatos de misterio

Muerte de una heroína roja, primera aventura literaria de Chen Cao, inspector jefe del departamento de policía de Shanghai, ha sido uno de los títulos de 'Tapa negra' mejor recibidos por el público. Ahora, esta estimable colección dedicada al género noir inicia una nueva etapa, y estrena nuevo diseño, con la segunda entrega de las andanzas y tropiezos de este personaje singular: un funcionario cumplidor, caballeroso y circunspecto, aficionado a la poesía y a la filosofía, que en sus ratos libres traduce al chino relatos de misterio de escritores occidentales. Nada que ver con los terminators más jaleados por el público en otras plateas. Qiu Xialong recurre a todo cuanto distinguía Muerte de una heroína roja para hacer de Visado para Shanghai una obra aún más meritoria, beneficiada por una cuidadísima presentación, sin las erratas que deslustraban la anterior propuesta.

El principio de la novela sorprende al protagonista paseando por un popular parque de Shanghai. De repente, un guardia llama su atención con exquisitas maneras: "Por favor, venga conmigo, camarada inspector jefe Chen", y lo conduce hasta el arbusto donde ha descubierto un cadáver en su ronda matutina. El cuerpo presenta dieciocho golpes de hacha; el número de heridas parece contener un mensaje cifrado y a nadie se le escapa el posible ascendente de las Tríadas. Es una típica manera de actuar de la mafia china: ensañamiento y simbolismoý Chen Cao ama Shanghai, pero tiene claro que no vive en la mejor ciudad posible. Ni por asomo. A la investigación sobre quién era la víctima y por qué el asesinato, el inspector debe sumar una misión de última hora: acompañar a la agente estadounidense Catherine Rohn, desplazada hasta Shanghai a causa de un plan de cooperación entre China y Estados Unidos para luchar contra la inmigración ilegal. En Washington, un súbdito chino estaría dispuesto a testificar contra un armador implicado en las migraciones clandestinas; el testigo ha exigido que su esposa se reúna con él y el gobierno de Beijing, en un calculado gesto de buena vecindad, ha accedido al traslado de la mujer; el problema es que ésta ha desaparecido. Y el nombre de las Tríadas vuelve a sonarý

El inspector Chen, al ejercer de cicerone para una visitante extranjera (con quien se identificará más de un lector), está decidido a hacer autocrítica y reconocer los lastres que impiden a la China de hoy dejar atrás la China de ayer (un país con una grave asignatura pendiente en el campo de los derechos humanos, entre otras cosas), pero también a señalar y combatir los prejuicios occidentales sobre su país, que son numerosos. Visado para Shanghai es un retrato aceptablemente ponderado de una realidad compleja, un país con posibilidades infinitas, pero sometido a la castrante mentalidad del Partido Único, cuya cohesión interna suele basarse en la alimentación de una amenaza externa, llámese decadencia burguesa, llámese infiltración capitalista, llámese alteridad, etc. Al juego de intereses, Qiu Xiaolong opone el juego humano, el de la curiosidad por el otro, el de la necesidad del otro. En este sentido, el autor muestra una interesante preferencia por el diálogo. O sea, por ese recurso mediante el cual los personajes se explican y piden explicaciones; en definitiva, se comunican. Aunque el autor reconozca con un poso de amargura, y así lo escribe, que "En China, lo personal apenas podía separarse de lo político".

Visado para Shanghai, al igual que Muerte de una heroína roja, cuenta con un notable enfoque sociológico, además de un valor antropológico añadido; si el género puede ser una ventana abierta a otras realidades, los postigos de ésta son anchos y dan a un paisaje fascinante. Como pieza noire, no defraudará al aficionado. Visado para Shanghai es una propuesta novedosa y, a la vez, clásica. Tiene el sabor de un buen vino añejo; un sabor familiar, recio, y un regusto a madera antigua, resistente. Quien lo bebe sabe que puede depositar su confianza en él y poner sus esperanzas en futuras cosechas.

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