Solemnidad piadosa

Programa: Cristóbal de Morales, motete Circundederunt me; Francisco Guerrero, motete Simile est regnum coelorum; Tomás Luis de Victoria, Missa 'Simile est regnum coelorum' y motetes Doctor bonus, O decus apostolicum, Ne timeas, Maria y Quam pulchri sunt. Director: Luis Vilamajó. Lugar: Iglesia del Monasterio de San Jerónimo. Fecha: 07 de julio de 2012.

El Festival de Granada toca a su fin cerrando en la mañana de ayer su ciclo de conciertos matinales con un programa centrado en Tomás Luis de Victoria. La dirección corrió a cargo de Lluís Vilamajó, un experimentado conocedor del repertorio renacentista y barroco, quien contó con la participación y la asistencia en la dirección instrumental de Josep Borràs. Juntos se pusieron al frente del Coro Tomás Luis de Victoria y del Ensemble La Danserye para traernos desde el pasado una página de historia musical.

La apuesta que este año se ha realizado en el Festival por los músicos andaluces ha resultado muy provechosa. En esta ocasión le ha llegado el turno a dos formaciones que, afincadas en Granada, llevan casi dos décadas trabajando el repertorio renacentista con altas cotas de rigor histórico y calidad interpretativa. El Coro Tomás Luis de Victoria, dirigido por Pablo García Miranda, está especializado en la polifonía hispana; su composición como coro de cámara le permite acercarse a este repertorio con una alta fidelidad hacia los usos musicales de la época. Por su parte, el Ensemble La Danserye está compuesto por cuatro hermanos que, dirigidos y animados por Fernando Pérez Varela, el mayor de ellos, han crecido entre flautas, cornetas, chirimías, sacabuches y bajones; incluso llegan a fabricar algunos de sus instrumentos, siempre desde un profundo estudio de los usos instrumentales durante el Renacimiento, por lo que bien pueden considerarse unos ministriles extemporáneos.

El concierto se abrió con una procesión de entrada, habitual en las ceremonias de cierta importancia. El Coro Tomás Luis de Victoria desfiló por el pasillo central de la nave mientras que La Danserye interpretaban una versión instrumental del motete Doctor bonus. Como canto de apertura se interpretó el sobrecogedor motete Circundederunt me de Cristóbal de Morales, otra de las grandes figuras de la polifonía renacentista. Lluís Vilamajó escogió hábilmente distribuir el contrapunto de la obra entre los ministriles y reservar el cantus firmus a las voces femeninas del coro, dando como resultado una versión de gran piedad y recogimiento.

Para reconstruir los usos litúrgicos de lo que sería una solemne ceremonia del siglo XVI se partió de un uso bastante común en la época: la práctica de componer una misa basada en una pieza musical previamente existente. Así, a partir del motete Simile est regnum coelorum de Francisco Guerrero, Tomás Luis de Victoria compuso una misa bajo el mismo título que tomaba aquel como motivo de inspiración. A partir de esta idea, Lluís Vilamajó diseñó un programa en el que se fueron interpretando los distintos cantos de la misa en el orden correspondiente, intercalando entre los pasajes polifónicos el canto gregoriano propio de la festividad a la que está dedicada la misa, la dominica in septuagesima.

El acierto en la elección de las piezas se completó con una hábil distribución de las voces y los instrumentos. La presencia continua de las voces, perfectamente empastadas y calibradas, y la empatía tímbrica con los instrumentos en los pasajes doblados son evidencia clara del meticuloso trabajo de análisis interpretativo. Los asistentes pudimos comprender a la perfección la rica e intrincada dialéctica de una polifonía perfectamente escrita, pero también muy bien interpretada. Entre los momentos más sobrecogedores cabría destacar el recogimiento del pasaje Qui tollis peccata mundi del Gloria, la piedad mística del Et incarnatus est del Credo o la alegre solemnidad del Hosanna in excelsis del Sanctus.

Entre las piezas interpretadas en solitario por cada conjunto hay que mencionar, en primer lugar, la magistral interpretación del motete Simile est regnum coelorum, que realizó a cappella el Coro Tomás Luis de Victoria. También es digna de mención la versión que La Danserye hizo del motete O decus apostolicum.

Conforme se iba desarrollando el concierto las paredes del Monasterio de San Jerónimo volvían a vibrar con la música de la época que las vio elevarse. En un alarde de rigor histórico y buen gusto el Coro Tomás Luis de Victoria y el Ensemble La Danserye llenaron la iglesia con sonoridades que nos transportaron a otro universo estético y temporal; el armónico conjunto de continente y contenido se fundió en una alianza tal que hasta las cantorías de ángeles músicos que se asoman a la nave parecieron querer tomar vida y participar en tan solemne y celestial concierto.

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