Tavernier, el maestro

  • El cineasta francés, uno de los más productivos y famosos de su país, cumple setenta años en plena forma

La obra del director francés Bertrand Tavernier es tan multifacética como ambiciosa. Su filmografía, que incluye 50 títulos, impacta. Jean-Luc Douin, su biógrafo, no exagera nada cuando describe al director, guionista y productor, que mañana cumple 70 años, como un hombre de muchos intereses y cualidades.

Cintas policiales, thrillers psicológicos, películas históricas, ciencia ficción, películas románticas y satíricas: las capacidades de Tavernier son amplias. El director, nacido en Lyon en 1941, cuando su país se encontraba en plena Segunda Guerra Mundial, es uno de los cineastas más productivos de Francia. Sus películas se distinguen por sus movimientos complejos de cámara y sus inesperados acercamientos al objetivo.

Tavernier fue un amante del cine desde temprana edad. A los 14 años ya llevaba un cuaderno con sus películas favoritas. Entre las preferidas del director, descrito frecuentemente como una persona cálida y sociable, buenc onversador y con un envidiable sentido del humor, estaban las películas estadounidenses y cineastas como Samuel Fuller. Más tarde, el hijo del editor y escritor francés René Tavernier descubrió el cine francés, con directores como Jean Renoir, Jean Vigo y Jacques Becker.

Su primera película, El relojero de St. Paul, con Phillippe Noiret y Jean Rochefort, representó ya su primer éxito internacional y le valió un Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín.

Otros éxitos fueron El juez y su asesino, un drama psicológico con Isabelle Huppert, La muerte en directo, con Romy Schneider y Harvey Keitel así como La carnada, una controvertida película sobre la violencia de la juventud por la que Tavernier obtuvo en 1995 el Oso de Oro en Berlín.

En los últimos años, Tavernier se convirtió cada vez más en un cineasta comprometido, un humanista y un discreto denunciante. "No quiero mejorar el mundo, pero quiero mostrar cómo es y cómo podría ser", dijo alguna vez. En Hoy empieza todo (1999) le dio voz a los más pobres de la sociedad, mientras que para De l'autre côté du périph (1998) pasó varios meses en ciudades satélite de París.

Con 70 años, no ha perdido nada de su productividad, creatividad y diversidad, que son una especie de marca de la casa en lo que a la forma de trabajar del cineasta se refiere. ¿Cómo se ve hoy día a sí mismo y sus películas? "Frecuentemente, con la edad, las películas de los directores se vuelven más artísticas y blandas. Con la edad, mis películas se han vuelto más violentas, crudas y veloces", dice Tavernier.

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