The Fuzztones llevan a la Industrial Copera su poderoso rock garajero

  • La banda neoyorkina, liderada por Rudi Protrudi, repasa en el club granadino lo mejor de todo su repertorio y presenta en directo parte de su último trabajo discográfico, 'Horny as hell'

a Industrial Copera tuvo ayer un viaje furtivo, intenso, mágico y lisérgico a lo más salvaje de los años sesenta de la mano de unos viejos conocidos de la ciudad, una banda que, desde hace treinta año, reivindica el espíritu del baile desaforado, el aire de los guateques, las guitarras demenciales y las películas de zombies de serie B: The Fuzztones. La formación neoyorkina, liderada por el incombustible Rudi Protrudi, se dejó caer por Granada dentro de su gira española y demostró lo que es ser una auténtica banda de garaje con su sonido sucio, las guitarras Phantom, el órgano Hammond y la voz desgarrada de Protrudi, el hombre zombie, el rebelde nato, el artista que siempre disfrutará tocando en un pub o en un club no demasiado grande. Porque lo que a él le gusta es golpear de cerca.

The Fuzztones son una auténtica banda de culto con discos tan mágicos e imprescindibles como Lysergic emanations y que se han convertido en formaciones imbatibles en su estilo: el pop salvaje de los años sesenta mezclado con la rabia punki de finales de los setenta. De esa mezcla, aderezada con una estética al estilo de La noche de los muertos vivientes, surge una formación con un directo apabullante, canciones rápidas, esencialmente simples, pero muy efectivas para que el público rápidamente se lance a bailar y se desmelene durante todo el concierto.

The Fuzztones recalaban en Granada después de haberlo en Sevilla la noche anterior y antes de lanzarse a ciudades como Valladolid, Madrid, Valencia, Castellón, Barakaldo, Bilbao, Ponferrada, León y Valencia. Traen un disco nuevo bajo el brazo, Horny as hell, en el que retoman viejos temas del grupo pero tratados con metales, coros femeninos y arreglos soul, algo que ha impactado gratamente a los seguidores. En directo mantienen la instrumentación tradicional de guitarras, teclado, bajo, voz y batería. Pero el tratamiento de las canciones es estéticamente más poderoso.

Para la actuación en La Industrial Copera, Rudi Protrudi, el único miembro del grupo original que se mantiene en activo, se hace acompañar de una interesante teclasto al frente de un órgano Hammond que igual se desmelena furiosamente tras el teclado que crear atmósferas sonoras de enorme interés. El grupo tiene muchas tablas ya como para no saber en qué momento debe darle un puñetazo al público para que reaccione. Y Protrudi, sobre todo, se sabe un animal de escenario. Funciona a la perfección en directo.

En el concierto de La Industrial Copera los Fuzztones tuvieron como teloneros a los granadinos La Borrikera, una formación de garage-punk que se divierte editando sus trabajos en cintas de cassette y sabe disfrutar sobre la escena. Era el comienzo ideal para ir caldeando el ambiente ante la llegada de las estrellas.

¿Estrellas? The Fuzztones no tienen nada de divos. No son los Rolling Stones con necesidad de un megaescenario y cinco millones de watios de potencia. Lo suyo son los clubs de Nueva York o Berlín, los garitos de los barrios bajos, los camerinos con cajas llenas de cervezas haciendo las veces de asientos y una botella de whisky derramada en una esquina. Lo suyo es el sonido sucio y sudoroso, auténtico, de lo que se expresa en directo y a corta distancia. Son los acordes básicos del rock and roll aderezados con los inventos sonoros de los años sesenta o los espectáculos que daba Jim Morrison frente a The Doors.

Ofrecieron un concierto potente para un público entregado desde un concierto. Fueron vigorosos y sonaron contundentes. Consiguieron lo que vienen consiguiendo desde hace casi treinta años: que cualquiera que los escuche quiera comprarse una guitarra eléctrica, llame a unos amigos y se ponga a ensayar en el sónato de una casa, porque lo de los Fuzztones es contagioso: resultan tan potentes, tan mágicos sobre el escenario, que todo lo que hacen parece simple y sencillo. Lo que sucede es que no lo es. Es algo conseguido a través de muchos años y con muchos discos escuchados. Fue una noche divertida, un guateque de rock.

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