Pepe Sacristán

"Todavía existen las dos Españas"

  • El actor que protagonizó ayer el homenaje a Lorca observa en la sociedad española ciertas actitudes "que remiten a unos tiempos que uno pensaba que estaban más que superados"

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El año pasado recitó poemas en el funeral de su gran amigo, Fernando Fernán Gómez. Fueron dos días de fiesta, con el féretro del actor cubierto con una bandera republicana, con sus amigos cantando, actuando, recordando anécdotas, celebrando haberlo conocido. Anoche también prestó su voz para el 73 aniversario del fusilamiento de Lorca. Banderas de la República, poesía, música... Una diferencia: el cuerpo del poeta reposa anónimo bajo la tierra.

-¿Exhumación o mejor dejar reposar los restos de Lorca?

-Yo ahí delego, no tengo una opinión. Es un asunto muy delicado. Deben decidir aquellas personas que por proximidad o por compromiso estén involucradas en este tema. A mí me cuesta trabajo pronunciarme. Para mí ahí está Federico, su alma, su obra y la madre que lo parió. Y los huesos, que decida quien tenga que decidir.

-¿Para un acto como este qué debe aflorar más, la rabia por el crimen o el reconocimiento a un escritor genial?

-Conviene que vayan de la mano porque si una predomina sobre la otra sería un acto incompleto. Está claro que aquí no sólo se celebra la grandeza de un poeta inmensa, sino que se lamenta un atropello brutal y terrible. Van de la mano las dos cosas.

-¿Sigue vigente la reflexión de Machado de que pervive una España que ora y embiste?

-Sí, desde luego, y no me tire de la lengua. Lamentablemente todavía existen las dos Españas. Todavía existen unos gestos, voces, ademanes, comportamientos que remiten a unos tiempos que uno pensaba que deberían estar más que superados.

-Por su parte, Lorca afirmó en referencia al teatro que el pueblo es el origen y el destino de la cultura. ¿Se les olvida a los llamados 'gestores culturales'?

-De aquellos tiempos a ahora cambian cosas como la nueva TDT. Si Federico levantara la cabeza y comparara La Barraca con la actual televisión de pago se preguntaría que relación existe entre el mundo de la cultura y el pueblo. Yo procuro, dentro de mis posibilidades y la ley de la oferta y la demanda en que vivo, hacer un teatro que sirva de alguna utilidad a la gente a la que me dirijo.

-Pero sin dar el 'latazo'...

-No, no, ¿enseñar a alguien cómo vivir? De ninguna de las maneras. Antes monja que andar por ahí con el mensaje.

-¿El aroma de clandestinidad de leer a Lorca en los sesenta era un gozo más?

-Lo conocí en la clandestinidad, efectivamente. Yo fui incluso vendedor de libros que estaban prohibidos por el Régimen a través de la editorial Losada

-La bandera de la República forma parte ya del acto de homenaje. ¿Le gusta como decorado?

-Me encanta, me encanta. Asumo y acepto los colores de la bandera nacional pero mi corazoncito está, 'republicanamente' hablando, con esos colores.

-Versos de Machado, Cernuda, Alberti... Grandes textos sobre la pérdida, en cierta manera, sobre el fracaso. ¿El mejor de los papeles posibles para un actor?

-Sí, me siento muy honrado y muy agradecido. Lo único que puedo esperar es estar a la altura.

-Ha prestado su voz y su presencia en multitud de manifestaciones, pero no hizo el gesto de la ceja en apoyo a Zapatero en las últimas elecciones como otros compañeros...

-No, no, mi corazón está más a la izquierda compañero. Es que eso de la izquierda es relativo, como dijo Einstein. Yo no oculto nunca que mi voto va a Izquierda Unida aunque soy bastante crítico.

-Sin sentimentalismos de 'cualquier tiempo pasado fue mejor', ¿no cree que existe una crisis de voces entre los actores actuales? Pepe Isbert, Fernán Gómez, Landa, usted mismo... Todos con una voz personal que es casi media interpretación.

-Pasan los tiempos y no soy de los que opinan que aquello era mejor. El talento y los tontos se dan pendularmente. Hay gente ahora con un talento inmenso y gente que lo hace fatal. No me atrevo a señalar ningún déficit. Pero es que me ha citado usted a unos actores únicos. Pero hay gente que lo hace muy bien y gente que no toca el violín, y se ha acabado. Pero no soy de los que miran atrás y tuercen el gesto con lo que se hace ahora. Ni mucho menos. Decía el maestro Fernán Gómez que el gran defecto de este país no es la envidia, es el desprecio.

-¿El cine debe remover conciencias o sentimientos?

-El cine hay que hacerlo bien, y si hay que remover algo que sean los sentimientos. Los niveles de conciencia, si se remueven en los cines, duran poco. Eso debe hacerse en otros territorios donde la fuente de información sea mayor. Pero yo procuro a través de mi trabajo primero emocionar, porque si voy de entrada a hacerle reflexionar sin saber si le emociono o no, creo que ahí la estoy cagando.

-¿Un actor está siempre a la espera del gran papel de su vida?

-No, a estas alturas ya no. Hay una serie de grandes papeles que están sobre la mesa y podría enfrentarme a ellos, no en el cine por los presupuestos que se manejan pero sí en el teatro. Hay papeles como el de Carlos Galván en El viaje a ninguna parte o el de Asignatura pendiente de los que estoy muy satisfecho. Pero La ley del silencio ya la hizo Marlon Brando, así que qué le voy a contar.

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