Tormenta de baile

Compañía: Ultima vez/ Wim Vandekeybus. Dirección, coreografía y escenografía: Wim Wandekeybus. Música original: Mauro Pawlowski. Coautores e intérpretes: Tanja Marín Fridjónsdóttir. Dawid Lorec. Bénédicte Mottart. Olivier mathieu. Máté Mészáros. Ulrike Reinbott. Imre vass. Kylie Walters. Gavin Webber. Linde. Músicos en directo: Mauro Pawlowski. Elko Blijweert. Jeroen Stevens. Texto: Peter Verhelst. Fecha: 13 de Febrero.

No vivimos de evidencias sino de creencias y todo ahora nos dice que si la evidencia es que la sociedad va mal la creencia debe ser que el individuo, ese yo difícil de nombrar, vaya mal. Los jóvenes aprenden esto rápidamente y en la era por antonomasia de la instrumentalización, con toda su energía, su coraje, su ilusión , con toda su belleza y su elocuencia corporal, se ponen a trabajar para esa creencia. Más y más angustia pues, más escenificación del dolor, para la gran industria del arte, para la sociedad del espectáculo, cada día más satisfecha con su imagen estallante y reordenada de dolor. Bailad, bailad malditos, para que meditemos sobre el lado oscuro de la conciencia. Y las formas de meditar son múltiples, o no son: Una espectadora murmura en su butaca: me estoy poniendo mala, yo me voy, esto es una locura pero es que no quiero molestar. Dos espectadores salen con dificultad intentando no molestar a los que se quedan, mientras que yo, ese impreciso yo de espectador sentado inmóvil en su butaca, los observo intentando calibrar y acoger sus motivos para abandonarnos. De inmediato regreso a la escena sintiéndome responsable de esta distracción, porque estos jóvenes intérpretes están ahí representando que se destrozan sobre un suelo de nada de nadie y siento que no debo sustraerles ni una vibración de la gran máquina de mi interés que está puesta en marcha. Los cuerpos se agitan convulsos, se empujan, golpean, nacen engullidos ya por la angustia, penden de simbólicas alambradas, se retuercen y ocultan y los músicos en la escena del esteticismo político, parecen antiguos guardianes de los campos de concentración, recolectores de los sonidos estertóreos y productores de los sonidos del amo, los sonidos de la locura la enfermedad y la desdicha.

Efectivamente estoy ante un espectáculo espléndido, deslumbrante que quiero que termine ya. Y que no quiero volver a ver más. Efectivamente preveo un entusiasmo sincero por parte de los espectadores más jóvenes que se haga con la vibración de la sala al final, abrazando con sus aplausos y gritos el cansancio tremendo cansancio, con el que otros abandonan el teatro. Otra vez nuestro dolor vivido como un goce estético. "Job no pedía dejar de sufrir, sino salir de la pesadilla, saber la razón de su sufrimiento; pedía una revelación de la vida" (María Zambrano).

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