crítica cine

Truffaz: Con su blanca palidez

ERIK TRUFFAZ QUARTET

Festival de Jazz en la Costa. Aforo: 900 personas. Intérpretes: Erik Truffaz Quartet.

Los que recordaban su torrencial concierto en el festival de otoño de la capital, hace unos años, en 2009, si la memoria no me falla, tal vez tuvieran la sensación de que el Erik Truffaz que vieron el miércoles en Almuñécar era otro, uno más domesticado que aquel que desató una tormenta eléctrica de furibundos latigazos electrónicos. Lejos de aquella descarga casi mortífera de indigesto experimentalismo, por momentos de contundencia rockista, y casi siempre de vocación ruidista, el planteamiento que propuso esta vez con su cuarteto fue mucho más plácido y más calmado, más adaptado al sosegado entorno que las noches sin viento viene a ser el Parque del Majuelo, cuya vegetación tropical de interminables palmeras, ingeniosamente iluminadas por los técnicos de la organización ofrecen una postal de idílico retiro vacacional. Puede que, efectivamente, el ambiente le influyera al francés o puede que, sencillamente, sus nuevos temas, los que forman parte de su último álbum, el sensacional Doni Doni que ha publicado este año con el sello Parlophone, y que acapararon casi al completo el repertorio de su concierto sexitano, impusieran su tono elegante y sugerente, a pesar de no contar con la cantante maliense Rokia Traoré, que colabora en muchos de los cortes del disco.

En cualquier caso el fraseo sutil de Truffaz, en deuda permanente con el Miles Davis del nacimiento del cool, es sinónimo de música de altura y, enfurecido o atemperado, siempre deja buenas señales de lo gran músico que es y de la conexión que tiene con sus tres músicos acompañantes, con Benoit Corboz, eficaz tanto al piano acústico como con el Fender Rhodes y con la maquinaria electrónica, con el melódico bajista Marcello Giuliani y con el dinámico batería Yoann Serra. Bajo la batuta de Truffaz dan lo mejor de sí mismos y así fue en un concierto que fue de menos a más, subiendo muy acompasadamente el pulso rítmico, el tempo de la noche con muchos de los temas de su más reciente entrega. Canciones como Kudu, Fat City, Szerelem, Pacheco o Le Complément Du Verbe le sirvieron para construir un discurso articulado y coherente, de melodías sedosas que apuntaba Erik Truffaz con la trompeta en modo sordina la mayor parte del tiempo y que narcotizaron, al menos durante la primera mitad de su actuación, al público que acudió en menor número que otros días al Majuelo. Por momentos abandonó el cuarteto el tono sugerente de "Doni Doni" para rescatar alguno de los temas de un disco anterior, como cuando presentó El Tiempo de la Revolución, el que daba título y abría el álbum de 2012.

Ahí aceleró un puntito el ritmo del concierto y a continuación ofreció el momento más celebrado del concierto, una relectura trotona de Doni Doni Part 2, con la trompeta sonando al natural, sin sordina, que levantó la mayor ovación de la noche. Con igual entusiasmo fue recibido el regalo que hizo a una chica de la organización, con una sensual versión del Je T'Aime (Moi Non Plus) que pusiera cardíaco a medio mundo en el 69, el año perfecto para eso, Serge Gainsbourg con la voz de su novia Jane Birkin (por más que originalmente la compusiera un año antes para -y llegara a grabar con- Brigitte Bardot, su amante de entonces). Con semejante calentón solo quedaba continuar con el sugestivo repertorio hasta finalizar el set list y dejar que los amantes abandonaran el recinto en busca de la cálida intimidad a la que la música distinguida de Truffaz invitaba. La luna llena y el cálido sopor del verano harían el resto.

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