Velada barroca

El cuarto y último concierto de los Cursos Manuel de Falla fue a cargo de cinco profesores de disciplinas instrumentales que se juntaron para mostrar una selección de piezas del barroco europeo. El programa viajó desde el barroco alemán de Telemann, Heinichen o Graun hasta el español de Cabezón, Fernández o Salaverde, pasando autores franceses como Boismortier, Duphly o D'Anglebert.

Fue este concierto una degustación de pequeños 'aperitivos musicales', piezas breves que nos presentaron sensibilidades diversas de rápida degustación. Quizás lo que se le pudiera reprochar a este programa es, precisamente, su brevedad, ya que no llegó a la hora de duración.

Lo primero que llamó la atención del público fue la sonoridad de algunos de los instrumentos, como el oboe barroco o el oboe d'amore que tocó magistralmente Alayne Leslie, o el bajón (antecesor del fagot) que utilizó Josep Borràs. También resultó sorprendente las estrafalarias curvas que describía la trompa natural que hizo sonar con destreza Ab Koster. Pero hay que añadir un dato importante: debido a su temprano grado evolutivo, son bastante más difíciles de tocar y requieren una formación específica y una habilidad superior a la demandada por sus homónimos de hoy.

La calidad interpretativa del conjunto fue elevada en casi todo momento, puesta al servicio de un repertorio variado y poco conocido. Las dos cantatas de Telemann con las que se abrió y cerró el concierto no son de las más difundidas del autor; pertenecen a la colección Harmonischer Gottes-Dienst, que en su momento reportó considerable fama al autor. Escritas dentro de la estructura habitual de una cantata breve, constan de dos recitados y arias para voz, oboe y bajo continuo. El tenor Gerd Türk, de voz fina y melodiosa, adaptó su registro a las sonoridades que requiere este tipo de música; su diálogo con Alayne Leslie al oboe y su habilidad para la construcción de las frases, unido a una magnífica dicción del alemán antiguo, hicieron de estas obras una apertura y un broche de lujo para la velada.

Entre ambas joyas de la música alemana, los integrantes de este conjunto de destacados solistas fueron alternándose para poner en atriles música barroca de diversos puntos de Europa. España estuvo representada por una Pavana para clave, interpretada con su glosa o variación por Jordi Reguant, quien demostró su habilidad en el acompañamiento de la versión instrumental del romance Paseábase el rey moro escrita por Francisco Fernández; Josep Borràs acompañó en esta última obra al clave, y se convirtió en protagonista de la Fantasía para bajón de Bartolomé de Selma y Salaverde, un compositor y bajonista que en pleno siglo XVII triunfó en toda Europa.

Del barroco francés se hizo sonar la Trío sonata en Mi menor de Joseph Bodin Boismortier, una deliciosa obra de aires galantes para oboe, fagot y clave. También se tocaron las piezas para clave La Félix de Duphly y Prélude non mésuré de D'Anglebert; de nuevo, Reguant demostró cómo la sonoridad y expresividad del clave lo convirtieron en un exponente privilegiado de la música instrumental del barroco.

El Trío para trompa, oboe d'amore y bajo continuo de Karl Heinrich Graun, pese al uso del bajo continuo, se aproxima a una concepción preclásica de la música; se trata de una pieza camerística en la que los instrumentos dialogan entre sí y comparten la exposición de las unidades temáticas, a modo de anticipo de lo que sería el trío clásico.

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