Crítica de Cine cine

Versión 'blandiblú' de 'Billy Elliot' sobre esquís

EDDIE EL ÁGUILA

Comedia dramática, Reino Unido, 2016, 105 min. Dirección: Dexter Fletcher. Guión: Simon Kelton, Sean Macaulay. Fotografía: George Richmond. Música: Matthew Margeson. Intérpretes: Taron Egerton, Hugh Jackman, Christopher Walken, Jim Broadbent, Matthew Brandon, Ania Sowinski.

El triunfo del candidato tan falto de condiciones como sobrado de voluntad es un clásico que los talent show han vuelto a poner de moda. Cantantes sin voz, modelos con sobrepeso, actores sin memoria, cazadores sin puntería, chefs sin paladar, qué se yo, el empeño de cualquiera por ser más de lo que la naturaleza o su talento le permiten ser es gancho seguro para generar esas llantinas que tanta audiencia dan en televisión. Eso sí, a condición de que en el último momento al cantante le salga un chorro de voz, el cuerpo del gordo o la gorda se haga escultural tras machacarse a las órdenes de un entrenador, el actor desmemoriado recite de pronto la obra de Shakespeare completa, el tirador sin pulso dé en la diana o el carente de paladar haga un plato de antología. Hay otra versión, aún más lacrimógena, que es la del fracasado que se ha dejado la piel en el intento, lo que le permite al realizador televisivo mezclar planos de la familia sufriendo, el público llorando, el jurado poniéndose de pie y el sudoroso afectado diciendo que ha valido la pena, que ha cumplido su sueño.

Eddie el Águila apuesta por lo segundo y por lo tanto es tan importante el aspirante sin fortuna (en este caso al salto de esquí) como su entrenador (la peste de los coaches, que es como la televisión ha impuesto que se llame a los entrenadores). Ambos personajes -interpretados por Taron Egerton y Hugh Jackman- son reales: el poco dotado Eddie Edwards (que además había padecido poliomielitis en su infancia) se metió al público en el bolsillo (aunque, lógicamente, ninguna medalla) por su entusiasmo y optimismo en los Juegos de Invierno de Calgary en 1988, pasando además a la historia británica de este deporte por ser el primer inglés desde 1929 que logró participar en las Olimpiadas de invierno. Bueno, Eddie es más real que su entrenador, personaje con el que se toman todas las libertades melodramáticas posibles para fundir la historia de superación con otra de redención.

Desde que empieza con el simpático chaval afectado por la polio intentando irse de su casa para participar en unos Juegos Olímpicos hasta su fracaso/triunfo final no hay tecla blandiblú que la película no toque. Incluyendo una de las peores bandas sonoras oídas en mucho tiempo. La interpretación de Taron Egerton es pésima. La de Jackman, mediocre. Y a Chistopher Walken, que aparece poco, nada se le ha perdido en este Billy Elliot sobre esquís (eso sí, ésta es mucho peor que la bastante digna del niño bailarín). Me gustó la anterior película de este director, Amanece en Edimburgo. Tengo que volver a verla porque debía de estar equivocado.

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