Viajes del finlandés errante

  • Junto a Kabu Kabu, Jimi Tenor regresa con una nueva exploración del 'afrobeat' en un álbum que depara algunos delirios 'kitsch' y varios cortes deslumbrantes

Estilísticamente esquivo y dotado de una convincente capacidad para ahondar en las vías por las que otros apenas transitan de manera superficial, Jimi Tenor nos ha sorprendido a lo largo de su prolífica carrera con varios e inesperados virajes, giros acaso más premeditados de lo que pudiera parecer en primera instancia que, en lo sucesivo, nos lo presentaron como explorador techno, inusual crooner o especulador temporalmente asociado a aquello que se conoció como IDM. Sin embargo, y como tantos otros músicos con bagaje electrónico -en su caso, compartido con una sólida formación académica-, Tenor también apreció en el legado del jazz-funk de los 70 una fórmula plausible mediante la cual lo digital aspiraba a revestirse con un disfraz orgánico. En esa lógica, sin duda discutible, el siguiente paso era pues desechar el disfraz y optar por confeccionar con tejidos reales un ropaje hecho a medida. Así, por ejemplo, las simuladas andanadas orquestales de Europa (1995) mutaban ya en Higher Planes (2003), y el título no parece gratuito, en músicos de carne y hueso tocando instrumentos físicos.

Fruto de esa espiral, avanzando o retrotrayéndose a otro de los géneros crecidos en paralelo al jazz-funk, y cuyas influencias acabarían siendo con el tiempo mutuas y constantes, Tenor desembocó con Joystone hace ahora un par de años en una personal relectura del afrobeat, ejercicio realizado con indudable buen gusto y la inestimable ayuda de Kabu Kabu, formación africana integrada, entre otros, por Nicholas Addo Nettey, antaño acompañante del legendario Fela Kuti.

Sin éste, pero manteniendo aún a gran parte de la banda que grabara aquel álbum, 4th Dimension abunda en el hallazgo proponiendo un contundente listado de 14 cortes, varios de ellos puramente instrumentales, de exultante eficacia, tanto en su vertiente lúdica -el ritmo imparable- como en el deslumbramiento fruto de una escucha más atenta. Con un innegable componente kitsch -eso pueden parecer hoy los delirantes solos de sintetizador- y forzando la maquinaria al límite, los oídos se hacen agua a la espera de disfrutar de su anunciado directo en Zemos98.

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