Música Iniciativa

Violines solidarios en pie de paz y de futuro

  • Israel da França, un violinista de la Orquesta Ciudad de Granada, lidera un proyecto para enseñar música gratis a niños de la calle y sin recursos de Granada y Brasil

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En su país, Brasil, es una celebridad, como lo demuestran los programas de televisión en los que aparece cada vez que va de visita. Su historia no es para menos: en su infancia pasó de ser prácticamente un 'niño de las favelas', de origen muy humilde, a convertirse en uno de los grandes violinistas. Todo eso, gracias a un programa iniciado por un filántropo catalán, Luis Soler, que se empeñó en convertir en músicos profesionales a niños sin recursos y sin medios. Israel da França, violinista de la Orquesta Ciudad de Granada (OCG) de 42 años, piensa devolverle el gesto a Soler haciendo lo mismo en Granada y en su ciudad natal, Olinda. El proyecto tiene un nombre: Música para todos. Ahora Da França busca los apoyos precisos.

"Yo creo que todos los niños deberían tener acceso a la música", explica. "Pero muchos chavales del extrarradio de las ciudades no tienen ninguna oportunidad porque no tienen medios para ello".

El proyecto, aún en fase embrionaria, ya está teniendo una gran repercusión entre compañeros músicos de Israel da França. El violinista iraní Ara Milikian y el primer trompetista de la Orquesta Filarmónica de Berlín se han propuesto colaborar dando clases gratuitas a los niños de Olinda. "Es importante crear una fundación", comenta Da França, "que sea capaz de seleccionar a los niños con inclinaciones musicales y sin recursos para poder enseñarles a tocar el violín u otros instrumentos de viento".

El músico de la OCG, que está siendo ayudado por otro músico, el trompetista Alejandro Gómez Hurtado (él fue quien lo puso en contacto con la Filarmónica de Berlín), busca tanto la cesión de violines donados como mantener un profesorado de nivel que viaje a Brasil y Granada.

"Lo importante es que los niños no pongan ni un euro y que vayan diariamente a clase", dice Da França. "En el proyecto, la idea es que estén estudiando diariamente cuatro horas violín y música durante todos los días de la semana. Este proyecto no se parece en nada a un conservatorio, en que vas a clase dos horas a la semana. Con ese ritmo de estudio, los niños sin recursos superarían a los del conservatorio en sólo un mes".

En Olinda ya cuenta con el apoyo del concejal Marcelo Santa Cruz, que está gestionando la cesión de un edificio cercano a las favelas en donde los niños puedan dar las clases. También la alcaldesa Luciana Santos está interesada en el proyecto. La idea de Da França es comenzar con 100 niños en Brasil y 50 niños en Granada.

"Necesitamos, sobre todo, instrumentos, violines, violonchelos, contrabajos, vientos", explica el violinista, que tiene previsto viajar con otros músicos de la Orquesta de Granada a Brasil en agosto para ofrecer conciertos que ayuden a recaudar fondos para la Fundación Música para Todos. "Tenemos que conseguir muchos billetes de avión para poder llevar músicos allí a que impartan clases", dice.

La fundación también contará con la colaboración de la Orquesta Sinfónica de Arrecife, cuyos músicos se convertirán en profesores 'estables' para poder ofrecer una educación intensiva a los chavales.

En Granada, Israel da França ya ha contactado con la Asociación de Vecinos de la Zona Norte, que ha mostrado "mucho interés por que el proyecto despegue", según comenta el músico.

El violinista reconoce que aquella idea de Luis Soler cambió completamente su vida. También recuerda una curiosa anécdota que ocurrió en su adolescencia: un día llegaba tarde a un concierto en su ciudad natal cuando, al verlo con la funda del violín en la mano, dos policías lo interceptaron y lo detuvieron. Da França protestó alegando que iba con retraso a una actuación. Los policías, viéndolo con su aspecto, estaban convencidos de que era un ladronzuelo que acababa de robar un violín a alguien. El músico tuvo que desenfundar el instrumento de su maletín y ponerse a interpretar música de Bach para convencerles de que decía la verdad y de que el violín era suyo. Los policías tuvieron que pedirle perdón.

Tal vez, dentro de unos años, barrios deprimidos de Granadan tengan niños con violines.

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