crítica música

Voces de seda y pétalos de rosa

Noa y Pasión Vega durante su concierto del viernes en el Palacio de Congresos de Granada. Noa y Pasión Vega durante su concierto del viernes en el Palacio de Congresos de Granada.

Noa y Pasión Vega durante su concierto del viernes en el Palacio de Congresos de Granada. / Alex Cámara

Noa y Pasión Vega llenaron la noche granadina de magia y aromas del mediterráneo. Su espectáculo Mediterráneas, que despedían en su concierto de Granada, es un tributo a las tres culturas del mediterráneo, presentes en el arte y el carácter de estas dos artistas tan polifacéticas, que embelesaron al numeroso público asistente con sus voces de seda y pétalos de rosa durante dos horas y media de música y sentimiento. Un espectáculo sugerente que estuvo lleno de belleza y conciencia.

Noa y Pasión Vega son un tándem colosal, una feliz unión de experiencias artísticas y bagaje profesional puesto al servicio del más bello y sutil arte. La fusión entre la delicada y versátil voz de la cantante israelí y la pasión y duende de una de las malagueñas más internacionales produjo una fórmula sonora espectacular, y su calidez y humanidad llenaron el escenario del Palacio de Congresos de Granada haciendo las delicias de todos los asistentes.

El mensaje de ambas cantantes era claro: la música rompe fronteras, y en el mundo convulso en el que vivimos se convierte en un vehículo idóneo para abogar por la paz y la defensa de los derechos humanos. Así, el concierto se abrió con la canción Mar nuestro, en la que ambas artistas ponían sutilmente música a los versos de Erri de Luca en un alegato al entendimiento entre las tres culturas del Mediterráneo, un viaje emocional de Haifa a Málaga en el que la música fue el mejor puente.

A lo largo de la velada se exploró tanto la capacidad artística de ambas voces en conjunto como su particular estilo en solitario. Noa, cantante judía de origen yemenita y educada en Nueva York, siempre se ha caracterizado por acercar con su música las tres culturas que, según ella, viven en paz dentro de su corazón. Quizás por ello eligió una selección de canciones de su último trabajo, Love Medicine, en el que aborda la necesidad del amor para vencer barreras, y que fue engarzando con otros grandes éxitos suyos de álbumes anteriores. En un espectáculo magistralmente diseñado, la cantante mantuvo en vilo al público en cada intervención con su siempre cálido y dulce hilo de voz; además, se animó en varias ocasiones a abordar la percusión tocando las congas y las sonajas, demostrando así su vibrante directo y sus dotes escénicas.

Por su parte, Pasión Vega trajo el espectáculo hacia los aires del sur, y nos regaló algunos de sus temas más emblemáticos: Como te extraño en homenaje a Camarón, su desgarradora versión de Y sin embargo te quiero, o la preciosa Flor de Estambul con música de Erik Satie y textos de Javier Ruibal. Su canto, lleno de arte y carácter, su voz versátil, de amplio registro y sutiles matices, unidos a su presencia arrebatadora en el escenario emocionaron al público asistente en cada intervención, y nos llevó a evocadores lugares; y es que la Malagueña salerosa, copla con la que se le iluminan los ojos a Pasión, conquistó nuestros corazones.

La noche tuvo numerosos recuerdos a músicos que han influido en ambas carrera, como fue la canción Tú y yo que Noa y Pasión Vega interpretaron a dúo a modo de guiño artístico a Joaquín Sabina, que estuvo presente musicalmente en el primer encuentro entre ellas. Igualmente emotivo y bello fue el tributo a Ana Belén, al versionar su tema A la sombra de un león, o el entrañable recuerdo a Carlos Cano con el tema Sonata de la luna en Marrakech, extraído del trabajo Pasión por Cano.

El concierto se cerró con dos duetos memorables, que han marcado sin duda esta gira del espectáculo Mediterráneas. En primer lugar, la canción Uno queriendo ser dos, un tema en el que se hizo evidente la complicidad entre ambas voces, y en cuyo transcurso Pasión Vega se arrancó por bulerías en una perfecta simbiosis entre el duende flamenco y la fusión con las músicas del Mare Nostrum. Finalmente, Nací en el Mediterráneo, la memorable canción de Joan Manuel Serrat, cobró una nueva dimensión en la voz de estas dos grandes artistas, poniendo el broche de oro a un concierto cantado desde el corazón.

La prolongada ovación del público, puesto unánimemente en pie ante dos de las voces más prodigiosas del panorama moderno actual, persuadieron a las cantantes para ofrecer varios bises. En primer lugar, volvieron a versionar a dúo a Serrat con su tema Es capricho del azar. Seguidamente, cada una cantó en solitario un tema de su repertorio: La bien pagá nos trajo a la mejor Pasión Vega, y Noa escogió su Ave María, la canción que cantó en 1995 en la primera visita de la artista israelí en el vaticano, que para ella es "una oración por la Paz para romper muros entre religiones". Verdaderamente, uno podría estar escuchando a estos dos colosos de la música indefinidamente; pero como todo tiene que llegar a su fin, Noa y Pasión Vega decidieron concluir su espectáculo rescatando juntas la emblemática canción Beautiful that Way, compuesta para la película La vida es bella, en una emotiva interpretación que nos dibujó una sonrisa indeleble en el alma.

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