Vuelvo a Granadians

Los aficionados a la música y la cultura jamaicana en Granada no son una legión, pero hay que reconocerles el tesón y la entrega que han puesto al servicio de su pasión hasta conseguir que un género que hace quince años era absolutamente ignorado y desconocido por estos lares, a día de hoy presente una escena con solución de continuidad y un calendario de actividades más que respetable. En ese marco se encuadra el undécimo aniversario del Festival de Tendencias Jamaicanas Andalucía Granada Ska Festival, y dentro de él, el Up Reggae Festival, que salpicará el mes de mayo de actuaciones y fiestas dedicadas al ska y al reggae, al dancehall y al rocksteady, las músicas que la isla caribeña ha regalado al mundo. La primera de ellas tuvo lugar en la sala El Tren con una actuación estelar de los Granadians del Espacio Exterior, el grupo granadino que con su nuevo trabajo, Donde ningún hombre ha llegado jamás, bajo el brazo y después de triunfar en gran parte de la península y en media Europa, volvían a su ciudad de origen, la que tan orgullosamente exhiben en su nombre y pasean por los escenarios, tras más de dos años de ausencia.

Tras ellos continuarían la fiesta los dj's Ozzie, Alfonso Sacristán y Lord Sobornez dejando caer sus singles sobre los platos, pero los reyes de la fiesta, de cualquier fiesta en la que se presenten, fueron los Granadians. Su particular universo sonoro se nutre, cómo no, del ska, del reggae y del roots rocksteady, claro está. Pero incorporan sin prejuicios y con la misma inocencia que los músicos jamaicanos de los 60, sabrosos elementos de la música negra norteamericana, soul y doo-wop, sobre todo. También recurren a la herencia de los más gamberros grupos españoles de la década prodigiosa, con destellos de Los Relámpagos o Los Salvajes. Aunque por encima de cualquier otra consideración está su concepto de la fiesta, la diversión y el cachondeo. En ese aspecto no tienen rival. Cada una de sus actuaciones es una celebración que dominan de principio a fin como un experimentado monologuista.

Manejan los tiempos, saben como y cuando introducir los chistes y salpican sus canciones con comentarios adaptados a las circunstancias de cada concierto. Encima éstas son certeros y esplendorosos cantos hedonistas escrupulosamente arreglados y magníficamente puestos en escena. No hay duda de que son unos maestros del espectáculo, con indiscutibles dotes cómicas. Si entre los concejales de festejos de los pueblos de España hubiera algo de sentido estético, se darían tortas por tenerlos en las fiestas patronales y las verbenas de este verano. Y pondrían a bailar hasta a los que se quedan sentados con Paquito el Chocolatero.

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