La Zaranda presenta 'Nadie lo quiere creer' en el Teatro Alhambra

  • La compañía, Premio Nacional de Teatro 2011, reflexiona sobre la memoria

La Zaranda. Teatro inestable de Andalucía la baja presenta esta noche y mañana en el Teatro Alhambra la obra Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros, que estrenó en el reciente Festival Temporada Alta de Girona (Cataluña). La compañía jerezana, Premio Nacional de Teatro 2010, muestra una historia que transcurre en una antigua casa señorial que se va cayendo por todas partes, "menos por una, la que da a la memoria", apunta Eusebio Calonge, el dramaturgo de la compañía. La habitan tres personajes que, como las paredes, son una ruina de lo que fueron. Una conspiración de personajes carcomidos, expoliados, que se debaten entre la asfixia y la gangrena, una degradación moral sin freno. "Los espectros brotan a través de las ruinas y los espejos, en la oscuridad de las vidas sin designios y las partes amputadas de la memoria. Un mundo en el que la gangrena va desmembrando a los personajes y a su tiempo, en el que la realidad se embalsama y cualquier acto parece realizado por un taxidermista", explica Calonge.

La Zaranda profundiza en su poética. Con palabras como letanías, vuelve a hablar de la muerte, las devastaciones del tiempo, el envilecimiento moral, la putrefacción de ideas estancadas. Crea una imaginería pictórica y simbólica con pocos y gastados objetos, que tienen la fuerza de un actor: un viejo reloj como un ataúd, muertos que siguen aquí disecados y ventiladores que esparcen las cenizas por el olvido. No deben nada a Kantor, es el puro gusto por el trasto y la historia que contiene.

Para Calonge, "cada espectador es testigo de la fractura de tiempo que implica el teatro. Nuestro lenguaje es alegórico y comporta múltiples interpretaciones, cada espectador saca interrogantes diferentes y el 'no saber' le produce la emoción, porque se le deja ante preguntas radicales, el punto a medio camino entre la vida y la muerte que es el teatro."

Profundo, punzante y tierno, tan lleno de tragedia como de humor y de ingenio, el teatro de la Zaranda impacta, conecta con la trascendencia, arranca la carcajada y abre la puerta al misterio. "El teatro es anterior a las palabras, su mundo ceremonial es el primer contacto divino con el hombre", dice Calonge. "Nada envejece más rápido que las novedades, que es lo que más se busca hoy en día, ocurrencias momentáneas y superficiales que ya no 'epatan' a nadie. La modernidad es el envoltorio de lo efímero. A nosotros nos sigue interesando la esencia del teatro, justo lo que no es fugaz."

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