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"Hay que actuar con contundencia y no usar la memoria como arma arrojadiza"

  • El fotoperiodista cordobés inaugurará en 2011 una muestra sobre desaparecidos en diferentes países por conflictos bélicos, tras lo que centrará su trabajo en las distintas regiones españolas

Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) lleva un cuarto de siglo registrando los conflictos internacionales más lacerantes. Con su cámara ha llamado la atención sobre esas guadañas siempre al acecho que son las minas terrestres antipersonas y su compromiso por azuzar las memorias le ha llevado a lugares tan distantes como Sarajevo, Bagdad o Sierra Leona. Las víctimas de la guerra son los grandes protagonistas de su obra, reconocida con el Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura.

-Es el primer reportero que recibe este galardón, ¿es también un reconocimiento al oficio del fotoperiodista en tiempos de crisis?

-La grave recesión económica que padecemos afecta sobre todo a los medios de comunicación. Hay miles de periodistas en el paro y ese daño es más grave en el caso del fotoperiodismo, el pariente pobre de la fotografía y del periodismo. Pero las crisis son cíclicas y en unos pocos meses o años el gremio volverá a tener la posibilidad de trabajar. Muchas empresas han aprovechado la crisis para limar sus presupuestos y sus plantillas. Para mí, la gran crisis es de identidad del periodismo y ésta empezó cuando los medios ganaban más dinero con la publicidad porque quisieron ganar dinero a costa del periodismo y no invirtieron en generar información de calidad. Los periodistas han perdido su valor social y funcional: se cuentan entre los profesionales peor vistos. Antes los medios sacaban a la luz la corrupción, ahora son los juzgados. Hay vinculaciones cada vez más oscuras entre los poderes económico, mediático y político.

-Ha publicado libros con sus series más reconocidas, como Vidas minadas y El cerco de Sarajevo. ¿Cómo prepara esos grandes reportajes sin dejar de ser un periodista freelance?

-Yo intento hacer bien mi trabajo con medios pequeños. Y no tengo prisa por llegar a mi objetivo. Para el volumen sobre Sarajevo no me conformé con todas las fotos que había tomado y volví sobre el terreno hasta tener la sensación de que lo había completado. Mi modelo de trabajo es distinto al que se da en España porque yo no sólo tomo imágenes, sino que escribo y hago radio para seguir trabajando sobre el terreno. En los últimos años soy capaz de conseguir financiación pero durante décadas no fue así y trabajé 17 veranos como camarero para pagar mis viajes por Nicaragua, Chile, Perú o El Salvador. Esa forma de aprender me ha permitido ser lo que todas las empresas periodísticas ansían ahora: cámara, redactor, editor. Eso sí, cobro por cada concepto y así será mientras ejerza este oficio.

-¿Cómo valora el periodismo en zona de conflicto?

-Para mí es el más fácil de hacer porque da prestigio a los medios que tienen corresponsales. El realmente difícil es el local porque es donde se juegan los principios básicos del periodismo: la presión que soportan los medios locales es enorme, la autocensura se impone.

-En sus primeras declaraciones de agradecimiento por este Premio Nacional recordó a sus compañeros fallecidos en las guerras pero también a Koldo Chamorro, H. Rivas y Chema Alvargonzález...

-Han sido un par de meses muy dolorosos. Dirijo desde hace nueve años en Albarracín un seminario de fotografía y periodismo que debía inaugurar Koldo Chamorro. El maestro falleció poco antes y tuvimos que arrancar esta edición dedicándole a él, pero también a Alvargonzález y a Ricard Terré un minuto de silencio. Por si fuera poco, el mismo día en el que me comunicaron el Nacional de Fotografía se murió Humberto Rivas, a quien tanto admiraba. Rivas sí había obtenido este Premio Nacional pero no Koldo ni Terré ni Chema. Todos ellos se lo merecían.

-¿Está adaptando fácilmente su trabajo al formato digital?

-Mis proyectos serios, de referencia, los sigo haciendo con película. En 2011 inauguraré en el Musac una serie sobre desaparecidos en la que estoy trabajando ahora por todo el mundo: será en analógico y en blanco y negro. Sin embargo, acabo de terminar una muestra en el Caixaforum de Barcelona en digital y me ha gustado mucho hacerla. No he hecho aún la transición y estoy en ascuas.

-¿Qué aspectos quiere poner de relieve con este nuevo trabajo?

-Trata de la desaparición por motivos políticos y me ha llevado ya a Chile, Argentina, Guatemala, Perú, El Salvador, Bosnia, Iraq, Camboya y Afganistán. Es una serie muy rotunda. Cuando acabe con ella me centraré en los desaparecidos en España. Uno de los momentos más estremecedores relacionados con este tema lo viví en La Puebla de Cazalla. Setenta años después de aquello sigue habiendo muertos sin identificar en las fosas y en las cunetas. Como hemos visto en el caso Lorca, están los muertos mediáticos y los que no lo son. Los dos partidos mayoritarios han sido cobardes y se ha perdido un tiempo esencial porque ahora no hay fondos y los laboratorios están llenos de cadáveres sin identificar. Hay que actuar con contundencia y no usar la memoria como arma arrojadiza. En Chile me han preguntado por qué no me dedico a documentar lo que ha pasado en mi país en vez de rebuscar en el suyo. Y ha llegado la hora de hacerlo.

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