Más allá de la furia de los hombres del norte

  • El Museo Británico programa para 2014 una muestra sobre los pueblos vikingos "Los últimos hallazgos han añadido una nueva dimensión", afirma Víctor Álvarez

Desde que media Europa invocaba al divino para protegerse de su presencia, los "hombres del norte" apenas han cambiado en el imaginario colectivo: vikingo, dice uno. Y ahí está, de inmediato, un sanguinario gigante rubio con casco de cuernos. De hecho, la propia historiografía tardó bastante, hasta el XIX, en tratar de ir más allá de esa imagen. En los últimos tiempos, sin embargo, parece haber crecido la curiosidad por el bárbaro. Los vikingos no sólo protagonizan la (inesperada) serie de mayor éxito del Canal Historia, sino que el Museo Británico les dedicará una completa muestra. A partir del próximo mes de marzo, Vikings, life and legend recogerá piezas procedentes de colecciones de Alemania y Escandinavia, así como de fondos del propio Museo Británico y de algunos de los últimos hallazgos arqueológicos realizados, como los restos del Roskilde (un barco de 37 metros) o los hallazgos en el valle de York.

Para el periodista especializado Víctor Álvarez -que acaba de publicar con Sílex el monográfico Los vikingos-, algunos de estos últimos descubrimientos han "reforzado" esa imagen "feroz" del vikingo pero también le han dado una "nueva dimensión a su mundo, que hace aún más atractiva su figura", subrayando su excepcional habilidad como navegantes. "Gracias a ese interés, ahora también somos capaces de ver a los vikingos explorando, comerciando, asentándose...", explica.

Es bien cierto, por supuesto, que las hordas vikingas llegaban, veían, vencían y se retiraban con extraordinaria efectividad. Ragnar Logbrok -el caudillo en el que está basada la serie Vikingos- protagonizó el primer sitio a París, en el 845. Los monasterios de toda Irlanda se llenaron de torres redondas para protegerse de sus razias. A furore normannorum libera nos, O Domine, rezaba el continente.

Los barcos vikingos llegaron incluso a remontar el Guadalquivir a mediados del siglo IX: un episodio que llama la atención no sólo por el hecho de que consiguieran adentrarse en aguas tan meridionales, sino porque lograran penetrar en suelo peninsular "apenas cincuenta años después de iniciadas su actividades piráticas. El Guadalquivir lo puso muy fácil, más aún cuando probablemente su desembocadura se encontrara entonces muy próxima a Coria del Río, que también fue atacada -desarrolla Álvarez-. El mayor error de Sevilla fue haber sido tan próspera, tan atractiva, porque una vez atacada, los nórdicos se quedaron en la población más de un mes, hasta que el emirato de Córdoba intervino".

Pero no siempre fue así. O no siempre fue así, exactamente. La zona del condado de York, por ejemplo, sufrió primero la invasión vikinga pero el principal objetivo de los invasores era "el asentamiento y posterior dominio territorial -explica Víctor Álvarez-. Esto serviría más adelante para formar el posterior Danelaw, que llegó a abarcar a unos quince condados en el momento de mayor extensión de los territorios daneses en Gran Bretaña".

Al otro lado del Canal de la Mancha, los daneses se hicieron con lo que viene a ser la actual Normandía "por medio de la concesión, negociada para que cesaran sus razias en suelo franco. Otra cosa -apunta Álvarez- es que cumplieran el acuerdo".

Por no hablar de lo que supusieron las razias desde la perspectiva escandinava: en la época, la zona estaba inmersa en "un periodo de luchas por el poder entre las tres nacionalidades que la integraban -continúa el especialista-. El pueblo llano tenía dos opciones: unirse a los líderes locales que emprendían aquellas aventuras transnacionales, bien como vikingos, bien como colonizadores; o soportar en su propia tierra la opresión de los jarls locales o de los reyes noruegos, daneses o suecos".

Toda esta diáspora llevó a los pueblos del norte no solo a acosar las costas europeas y la zona del Báltico, sino que los empujó a su aventura atlántica, llevándolos hasta Groenlandia y zonas de Terranova. Gran parte de estas incursiones quedaron registradas en las crónicas vikingas creadas con el objetivo de elaborar un "archivo" histórico, con formato de anuarios y de naturaleza "cortesana". Estos anales fueron, durante mucho tiempo, las únicas pruebas que existían para documentar la llegada de los pueblos el norte a territorio americano:

"Las sagas vikingas, sin embargo -prosigue Víctor Álvarez- no persiguen necesariamente ensalzar a algún rey escandinavo, más que nada porque la mayoría de ellas se crearon en suelo islandés, con colonizadores que habían huido de Noruega, tenían ya un fuerte sentimiento independentista. Además, como su nombre indica, solían hacer un seguimiento de la historia de determinadas familias, bien en suelo europeo, bien en ultramar".

Para el especialista, en términos periodísticos, en las crónicas puede "dudarse del cómo y del por qué, pero no tanto del qué, del dónde y el cuando: lo que no suele fallar es la primera información.

Las sagas, por otra parte, tienen la "fuerza de la tradición oral transmitida generación tras generación para entrar en más detalles; los cuales, si se analizan bien y por muy exagerados que puedan parecer, pueden descubrir una realidad latente".

Pero, ¿hasta qué punto son fiables estos registros llenos de mitología? Según Álvarez, "es cierto, y es lógico, que en aquella época tan llena de supersticiones, los prosistas y poetas escáldicos envolviesen algunas historias reales en papel mitológico. De hecho, esa mezcla era la que producía la poesía".

Que los textos eran elaboraciones vivas y permeables lo demuestran corpus tan asentados como la mitología de Snorri, que plantea un Ragnarök que es difícil de disociar del Apocalipsis cristiano: "En el caso de Snorri, que vivió en el siglo XIII, parecería lógico que la influencia cristiana se hubiera colado, ya que el cristianismo se impuso en Islandia a partir del siglo XI -indica Álvarez-. No obstante, para reproducir el Ragnarök, Snorri se nutre, como otros ya hicieron, de una tradición centenaria, anterior a la cristianización del orbe escandinavo".

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