CHRISTIAN SCOTT. TROMPETISTA

"Lo del sueño americano no existe, es un verdadero cuento chino"

  • Christian Scott, la figura más respetada del jazz del siglo XXI, trae su música furibunda y reivindicativa a Almuñécar Está considerado como el nuevo Miles Davis

Su nombre aún no acapara entre los aficionados locales tanta atención como las grandes figuras del pasado, pongamos por caso a Stanley Clarke, que cerrará la actual edición.

Probablemente sea debido a la pérdida de pujanza del jazz como música de vanguardia, por su asimilación cultural, pero si existe un artista capaz de revitalizar el género y devolverle la fiereza y la peligrosidad que tuvo en los tiempos en los que los grandes estiraron el concepto mismo de jazz para llevarlo a nuevas cotas artísticas insólitas, el candidato número uno es sin duda Christian Scott Atunde Adjuah. Desde la irrupción en los ya lejanos años ochenta de los 'Jóvenes Leones' (Los hermanos Marsalis, James Carter o el propio Nicholas Payton, también participante en la actual edición de Jazz en la Costa), ningún joven músico había despertado tanta expectación entre la afición al jazz y recogido tantos elogios en la prensa especializada mundial como Scott, que ha llegado a denominarle 'el nuevo Miles Davis'. Perteneciente a una familia ligada al género -su tío fue el saxofonista Donald Harrison-, desde muy joven destacó no solo por su talento con la trompeta sino por su visión rompedora de los cánones e integradora de nuevos códigos en el jazz tomados del pop, del funk o del hip hop, que incorpora con total naturalidad.

Colaborador de artistas como Prince, Mos Def o Marcus Miller, últimamente también se ha comenzado a labrar una carrera como actor, con papeles en películas como Ella es el Partido, de George Clooney y con Renée Zellweger, o La boda de Rachel, de Jonathan Demme, con Anne Hathaway y Debra Winger. Su espíritu rebelde y su actitud contestataria es otra de las características que definen su posición ética y estética, como ejemplifica el desbordante tema KKPD, acrónimo de Ku Klux Police Department, un ejercicio de exorcismo frente a una traumática experiencia que sufrió por los abusos de un agente de la autoridad en los Estados Unidos. Precisamente este título nos sirve para romper el hielo.

-El tiempo ha cambiado mucho en estos años. ¿Mantiene los intereses sociales de piezas como KKPD o se han quedado pequeñas?

-Y tanto… actualmente las desgracias de mi país son las mismas de hace cuarenta años, no ha cambiado nada. Estamos en un punto en el que hay que cambiar las cosas, y se puede hacer por métodos pacíficos o dando un golpe en la mesa. Y en algunos puntos se ha acudido a la violencia.

-En su país hay elecciones próximamente y las posiciones son extremas…

-No termino de entender por qué se están polarizando tanto las posiciones, nunca antes había ocurrido. Hay mucha gente que lo está pasando muy mal y se ha establecido un círculo muy pernicioso: en la misma empresa hay gente que gana miles de dólares por hora mientras otros apenas alcanzan una decena. Esa penuria alimenta el crimen, que a su vez justifica la existencia de las cárceles y de los servicios sociales que hacen negocio con el dinero público. El problema de la sanidad que propone Obama es el mismo, que interfiere en el monumental negocio de los seguros médicos, y eso no se lo perdonan. Me cuenta mi abuela, que vivió la Gran Depresión y la guerra que nunca antes han estado más extremadas las posiciones de nuestros políticos y eso paraliza las medidas y condena millones de personas a la pobreza ¡en el país más avanzado del planeta! El sueño americano no existe, es un cuento chino y el final suele ser vivir de fregar platos.

-¿Qué es para usted el jazz?

-Es un término que no es de mi agrado, y que en algún momento hasta he odiado, no tiene mucho sentido, seguimos una denominación histórica, sin sentido, estúpida, como rock, hip hop y las demás.

-¿Cansado de que le comparen siempre con Miles Davis?

-Yo tengo un hermano gemelo y cuando se habla de 'comparar' con alguien lo entiendo de otra manera (risas). Al principio me molestaba esa comparación, ya no. A Davis le veo como un artista conocedor de la historia de esta música y que elaboró un discurso propio, siempre inquieto e intentando ir más allá. Pero nuestros contextos sociales son tan distintos que no podemos hablar de coincidencias. Creo que si me comparan con él, es más por vagancia de la industria que por otra cosa, porque no nombran a Armstrong, Gillespie, Kenny Dorham, Clifford Brown… que creo que también están dentro de mí.

-¿Continúa más interesado en la música y la sociedad de los años sesenta que en la actual?

-En aquellos años había unanimidad en lo que había que hacer, una unidad social que recuperar. Fue una época inquietísima social y culturalmente.

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