Los 50 años de 'Hiroshima mon amour'

  • El primer filme de Alain Resnais impactó por su radicalidad a toda la sociedad

Hace años que se acabó la guerra fría y el peligro de un conflicto mundial se ha disipado, pero no por eso deja de impresionar ese intenso, duro y bello alegato antibelicista que fue el primer largometraje del francés Alain Resnais, Hiroshima mon amour.

Una película que llegó a las salas francesas el 10 de junio de 1959, el mismo año de Les quatre cents coups, de François Truffaut, dos de los más significativos ejemplos de esa nouvelle vague que buscaba la simplicidad, huía de los formalismos, potenciaba la espontaneidad de los actores y, sobre todo, provocaba.

Resnais realizó con Hiroshima mon amour una película tremendamente moderna para la época, una historia de ficción con muchos elementos de documental, género en el que había rodado muchos cortos y en el que, en un primer momento, quería haber situado la historia sobre la ciudad japonesa bombardeada con la bomba nuclear. Porque el origen del proyecto fue hacer un documental sobre la reconstrucción de Hiroshima.

Por ello, tras un sensual comienzo con imágenes de dos cuerpos entrelazados, la película usa partes del material del documental que Resnais había seleccionado para situar la historia tanto en el tiempo como en el espacio. Una historia que no es en absoluto fácil de ver y menos en el momento de su aparición, ya que realizaba un extenso uso de los flashbacks, un recurso narrativo que había sido utilizado anteriormente por William Wyler o por Orson Welles pero al que no estaban habituados los espectadores.

Mezclando sutilmente las escenas que se desarrollan en Francia con las de Japón, las de la Segunda Guerra Mundial y las de la actualidad de la historia, Resnais teje una narración magnética en la que el amor y el odio se encadenan y se suceden en un ordenado desorden. El amor que destilan los dos protagonistas. Una joven actriz francesa que viaja a Japón para rodar una película sobre la paz y que mantiene una breve pero emocionalmente intensa relación con un japonés.

Trasgresora en su momento por la relación entre dos personas de diferente raza, Hiroshima mon amour es tanto una reflexión sobre el amor como sobre el odio que genera una guerra. Y sobre las devastadoras consecuencias de un conflicto que dejó anónimos heridos y mutilados, como muestra Resnais en unas descarnadas imágenes que ilustran una realidad documental sin artificios.

Resnais, al igual que en algunos de sus documentales previos y en trabajos posteriores, reflexiona sobre las consecuencias de la guerra y lo hace con un mensaje pacifista en un momento, 1959, en el que la guerra fría estaba en un punto álgido. La terrible visión de los heridos contrasta en el filme con las bellísimas imágenes en blanco y negro de los amantes, en un preciosista juego de luces, sombras y penumbra.

Un envoltorio que permite el total lucimiento de un guión perfectamente calculado de Marguerite Duras -el primero que escribió-, que fue candidato al Óscar, que perdió frente a otra joya del cine, El apartamento, de Billy Wilder. Una película intensa, que parece desarrollarse en una falsa eternidad del tiempo, en la que la cámara se mueve con una velocidad tan lenta que apenas se percibe.

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