Música hoy

Los 25 años de The Smiths

  • Pese a su corta trayectoria, la banda que lideró Morrisey se convirtió en una de las más influyentes del indie rock internacional con discos como 'The Queen is dead'

Duraron sólo cinco años, un suspiro musicalmente hablando. Pero pese a todo, más de dos décadas después, The Smiths, la banda de culto y estandarte de los años 80, continúa siendo uno de los grupos más influyentes de la historia de la música, por mucho que les duela a los detractores de Morrissey.

Un mes de febrero 25 años atrás se empezaban a escuchar los primeros acordes de un cuarteto de Manchester de indie rock cuyas letras marcaron y marcan a varias generaciones. Lo hicieron primero en vinilo y no faltan ahora en los formatos mp3.

Su incursión fue fulgurante. La crítica les cubrió de elogios aunque también hubo quien se enojó ante el contenido de las letras, a la vez irónico, corrosivo a ratos, y sobre todo provocador en un primer álbum que llevaba el nombre del grupo y que vio la luz el 20 de febrero de 1984. Referencia obligada de esa década, The Smiths (el disco) llegó al número 2 de las listas inglesas. Y ahí comenzaba una leyenda con su irreverente solista, Steven Patrick Morrissey, el guitarrista Johnny Marr, Andy Rourke -que reemplazó a Dale Hibbert en el bajo y con el cello-, y Mike Joyce, batería y coros.

Pero la relación entre Marr y Morrissey, uno de los tándem más prolíficos de la historia del rock, había surgido dos años antes, cuando un Marr de 18 años se presentó sin avisar en la casa de un tipo solitario del barrio de King's Road, en Stretford (Manchester). Ese chico huraño, cinco años mayor, y con una habilidad excepcional para encadenar ironías era Morrissey, a cuya arrebatadora personalidad e incuestionable talento musical está íntimamente vinculado el éxito de la banda.

Estética híbrida, aires excéntricos, tendencia casi obsesiva hacia la cultura pop y la singular característica del solista para jugar con el surrealismo de sus letras convirtió al grupo, pero sobre todo al carismático Morrissey, en todo un símbolo para los jóvenes del momento.

Fue él, que no cae precisamente simpático a todo el mundo, que genera a la par rechazo y devoción, quien se encargó de elevar al cuarteto a otra dimensión más filosófica, más profunda, y plagada de incontables referencias literarias -Pretty girls make graves, una cita del escritor Jack Kerouac, dio nombre a uno de los temas-.

"No importa lo que tú escribas en la letra de una canción para definir el amor o el odio. Morrissey siempre lo hará mejor", comentó sobre él Noel Gallagher, el vocalista de Oasis y otro personaje polémico dentro del mundo del rock and roll.

Tímido recalcitrante pero con una voz inconfundible, el solista -que cumplirá este año 50 primaveras y acaba de sacar nuevo disco- siempre fue una persona "rara", según su propia definición, y su gran vínculo para comunicarse con la sociedad era, sin duda, la música.

Por ello, en una banda como The Smiths halló su refugio y el catalizador con el que mostrar al mundo su verborrea hilarante, jocosa, sarcástica, con la que retuerce el amor y desata su lado oscuro y morboso. Unas letras con las que, sobre todo, se niega a ser convencional, se ríe del mundo y se vuelve nostálgico hasta las lágrimas.

Tras el primer trabajo que le abrió la puerta a una legión de incondicionales llegaron nuevos éxitos. Su sencillo Heaven knows I'm miserable now fue la primera canción que se coló entre los diez primeros puestos de las listas y con otros temas como William, it was really nothing o How soon is now? les valieron la admiración desmedida de un público atónito y fascinado por su buen saber hacer.

En 1985 lanzaron al mundo Meat is murder y, un año después, llegó The Queen is dead, considerado unánimemente uno de los mejores trabajos de la historia de la música por revistas como NME. Editado en junio de 1986, inmediatamente después del sencillo Bigmouth strikes again, el álbum proponía una típica mezcla de lo sombrío (Never had no one ever, que parecía referirse a los estereotipos de la banda) con lo humorístico (Frankly, Mr Shankly), junto a varias canciones que sintetizaban a la perfección ambas vertientes (There is a light that never goes out o Cemetary Gates).

Con turbulencias internas de fondo, la banda publicó Strangeways, here we come, (1987), que incluye Shoplifters of the world, uno de los temas favoritas del solista y que fue el último tesoro de la formación antes de evaporarse.

Su desaparición dejó un reguero de fans inconsolables y un sinfín de imitadores. Sólo hay que echar un vistazo rápido a letras de gente como Kaiser Chiefs, Alex Turner, el solista de Artic Monkeys, o los ya extintos Libertines que llegaron muy detrás de ellos pero que mantienen una influencia palpable.

Si bien los miembros de The Smiths han continuado con sus proyectos en solitario, hoy, 25 años después de ese primer álbum que lanzaron, los rumores de un hipotético regreso de la banda no han cesado. Por el momento, se trata tan sólo de un deseo de nostálgicos.

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