El apartheid interior

Sudáfrica / Australia 2008. 35 mm. Color. 120'. Director: Steve Jacobs Guión: Anna Maria Monticelli. Int: John Malkovich, Jessica Haines, Eriq Ebouaney. Puede verse hoy a las 22.30 en Cinema 2000.

Era para echarse a temblar: adaptación de una exitosa novela de un nada fácil como J.M. Coetzee, intento de abordar cuestiones morales al mismo tiempo que se retrata una sociedad en transición, y John Malkovich... olía a pretencioso producto 'arty'. Nada de eso, incluso Malkovich está (casi) contenido... El guión de Anna María Monticelli, respetuoso con un original literario que incluso enriquece, la delicada puesta en escena de Steve Jacobs integrando a los personajes en el paisaje convierten a este hermoso film moral en una de las mejores adaptaciones literarias vistas últimamente. Desgracia, la única película en la sección oficial de cines del Sur que tiene garantizada su distribución en España, triunfa en su empeño de filmar la compleja, alegórica y turbadora visión de Coettze sobre la Sudáfrica post-apartheid porque no renuncia a la complejidad y sale airosa de sus elevadas ambiciones estéticas y éticas. Dos discursos, el personal y el político interactúan pero la película da un trascendental vuelco al superponer la reflexión sobre el deseo, la culpa, el perdón, la mala conciencia y la capacidad de decidir al análisis de la violencia en las relaciones entre hombres y mujeres y de las tensas relaciones entre las distintas comunidades que conviven en Sudáfrica tras la caída del régimen segregacionista.

Desgracia quiere dejar un resquicio al optimismo pero al menos a mí me resulta difícil ver esa luz al final del túnel después de que se me describa una sociedad que sustituye las cadenas del racismo y la explotación por la ley del más fuerte y más numeroso. El personaje del profesor Lurie -expulsado de la Universidad tras acosar y abusar de una alumna mestiza- podría parecer un depredador racista que no se resigna al final del viejo régimen, pero como todo en esta película el personaje es mucho más complejo, y su resistencia al nuevo statu quo lo es también a la implantación de nuevas formas de injusticia ante las que su hija -maravillosa contraposición de ideas y caracteres entre ambos- sí está dispuesta a ceder. La evolución del personaje, desde su desdeñosa arrogancia inicial hasta el hombre que sin admitir las nuevas deja de combatirlas es otro gran acierto, mérito no tanto de Malkovich como del inteligente trabajo de guión.

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