El cine árabe se queda huérfano tras la muerte de Youssef Chahine

  • El director egipcio murió ayer en El Cairo a los 82 años por una hemorragia cerebral

A pesar de no ser un nombre muy conocido para el gran público, Youssef Chahine fue el cineasta que más aportó al cine árabe de la segunda mitad del siglo XX y su trabajo fue reconocido por el mundo del celuloide a lo largo de su carrera. Chahine murió ayer en El Cairo a los 82 años tras pasar más de un mes en coma debido a una hemorragia cerebral que sufrió el pasado 15 de junio. El director egipcio había viajado a París para recibir tratamiento médico, pero hace diez días regresó a El Cairo donde quedó patente que las esperanzas de una mejora en su estado de salud eran mínimas.

Chahine nació el 25 de enero de 1926 en la ciudad mediterránea de Alejandría, en el seno de una familia cristiana de origen libanés, y empezó su carrera cinematográfica en los años 50, época dorada del cine egipcio. Como miembro de una minoría religiosa, Chahine centró su producción artística en la temática social y de denuncia, y se atrevió a mostrar el lado más negativo de la sociedad egipcia.

Entre sus 44 producciones destacan algunos de los filmes más conocidos de Egipto, como Al Ard, que aborda el feudalismo en este país antes de la revolución de 1952, pero también algunas de las películas más polémicas. Él mismo era un personaje polémico por su abierta oposición al régimen del presidente egipcio, Hosni Mubarak, en el poder desde 1981.

Chahine narró en sus trabajos algunos de los grandes acontecimientos históricos de Oriente Medio, como la reconquista de Jerusalén por los musulmanes en Al Naser Salehedin y la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto a finales del siglo XVII en Wadan Bonapart.

Su filme Iskandiriya ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín en 1978, en cuya lista de participantes Chahine apareció en repetidas veces. En el Festival de Cannes también se reconoció su trabajo con varias participaciones en el concurso oficial desde los años 50. Precisamente, fue en La Croisette donde Chahine alcanzó uno de los momentos culminantes en su carrera, cuando recibió en 1997 el premio 50 Aniversario por el conjunto de su obra artística.

Su última andadura por los festivales internacionales fue con Heya Fauda, estrenada en 2007 en Venecia, donde mostraba abiertamente las penurias de las clases bajas en Egipto y su discriminación en una sociedad poco igualitaria.

El trabajo que más le acercó a las pantallas comerciales de todo el mundo fue 11-09-01, en el que colaboró con otros nueve directores de fama internacional -entre ellos el mexicano Alejandro González Iñárritu y el estadounidense Sean Penn- para ofrecer una visión crítica y alejada de la oficial de los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas en Nueva York.

El director, además, pasará a la historia por haber dado su primer papel protagonista al actor egipcio Omar Sharif, al igual que él, de raíces libanesas, en Lawrence de Arabia, una cinta sin la que la imagen de Oriente Medio en Occidente no sería la que es ahora, así como el cine árabe no podrá entenderse sin el legado que deja Chahine.

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