Los argumentos del proceso creativo

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Mucho se habla hoy de las nuevas tecnologías referidas a lo artístico. Mucho se dice y demasiadas veces sin fundamento alguno. Y lo peor de todo es que algunos de los que se consideran artistas grandes quieren subirse al carro de lo nuevo y acceder a las posiciones de aquéllas. El resultado es de un patetismo que avergüenza y denuncia al que a ello se atreve. Sí es cierto y, por ello abogamos, que hay que servirse de nuevos instrumentos para afrontar una realidad artística que está obligada a vivir con los tiempos. Pero siempre que para ello se esté preparado y en posesión de un bagaje que no deje al iluso con sus vergüenzas al aire.

La exposición que nos ocupa oferta una lección rigurosa de cómo las nuevas tecnologías asume su potestad al servicio de un arte que tiene que valerse de ellas para caminar con la época. Santiago Lobo es un artista que trabaja desde las bases instrumentales de una tecnología que él domina y sabe cómo sacarle todo su partido. Estamos ante una obra que parte de la simple aprehensión de una realidad mediante el modo básico de la imagen captada en su manera más simple. Su obra parte de un instante aprehendido en un determinado punto de una ciudad para, desde ese momento, dejar de pertenecer al entramado urbano y alcanzar límites insospechados donde todo es susceptible de crear nuevas emociones. La realidad se funde con la ficción en un guiño sutil de complicidades. La arquitectura eterna de edificios, con su carga vivencial e histórica, suelta el lastre de lo imperecedero y el artista construye una nueva teoría de lo mediato. La fisonomía habitual de las casas, de las calles, de las ciudades rompe sus esquemas de concreciones y adquieren nuevas perspectivas que generan novedosos estados de emoción artística.

Santiago Lobo desarrolla una nueva teoría plástica. La realidad, a fuerza de manifestar sus posiciones concretas, desarrolla una voluntad significativa y visual más amplia. Lo real fotográfico ha perdido identidad y busca encontrar nuevas vías donde manifestar sus ángulos compositivos más imprevisibles.

La representación alcanza un nuevo estatuto donde todo es posible gracias a la nueva mirada de su autor y a la complicidad extrema de un espectador que contribuye a relanzar un nuevo concepto plástico y una nueva visión de las fórmulas creativas. Es una exposición basada en los espacios creativos, en las fórmulas máximas de ejecución; es un análisis de los procesos, donde la plástica, en sus infinitas fórmulas, ejerce sus también infinitas marcas estructurales.

Santiago Lobo acentúa el carácter esencial de la propia realidad hasta convertirla en un marco de magia poética, veladuras pictóricas de una metáfora que descubre soledades, que presiente ausencias, que acerca lejanías y que deja traslucir los misterios de un proceso que se nos antoja totalmente válido a fuerza de clarificar su aplastante posición de absoluta verdad y que, además, acentúa el carácter de una nueva identidad artística.

La fotografía deja de serlo para adoptar nuevas posiciones, para servir de base a un proceso que abre todas las perspectivas. En definitiva, las nuevas tecnologías perfectamente asumidas en toda su magnitud. Por ahí van los destino del nuevo arte.

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