Los áridos horizontes de un paisaje presentido

  • La Sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia acoge hasta el domingo día 26 la exposición de Cristina Ramírez Bueno 'Nueve ángulos'

No es recomendable, al menos así lo percibo, la visita a las exposiciones que actualmente transcurren en el Palacio de los Condes de Gabia empezando por la de Alejandro Gorafe y continuando hacia la sala Ático para contemplar la de Cristina Ramírez Bueno. El espíritu se encuentra sobrecogido por la esencia de lo que realiza el escultor y los sentidos están saturados de potencialidad creativa. Tanta acumulación de sensaciones puede distorsionar la espléndida exposición que ofrece esta artista que requiere mirada limpia para abarcar una muestra que creemos importantísima de principio a fin, justa en fondo y forma, acertada en estructura constituyente, redonda en cuanto a planteamientos formales y absolutamente justa en continente y contenido.

Cuando el espectador ingresa en el espacio de la planta de arriba del caserón de la Plaza de los Girones, se siente envuelto por un enigmático escenario que te aisla absolutamente del exterior y te absorbe por completo. En primer lugar la mirada descubre infinitas propuestas formales: un dibujo determinante, contundente arquitectura para cualquier exigencia formal definitiva, una estructura conformante de contrastes acentuados, con espacios vacíos sutilmente encajados, como unos elementos constituyentes más, en los desarrollos dibujados, una despejada representación que no abruma la contemplación -todo lo contrario- y que advierte más ilustra, así como una poderosa escenografía de blancos y negros que levanta la más inquietante expectación. Una vez que el ojo cómplice se ha adiestrado a los sabios postulados representativos perfectamente descritos, con el ánimo dispuesto a gozar del trasfondo de tan acertada gramática pictórica, el espectador se siente como acorralado en unos campos boscosos, o en el árido marco de un paisaje de estricta naturaleza que hielan la sangre a la espera de cualquier extraña posibilidad. La pintura de la joven artista toledana se adueña del alma del observante y lo predispone a entrar en inestables experiencias emocionales.

Nueve ángulos es la misteriosa representación de un escenario, también, absolutamente enigmático; paisajes sombríos, de naturaleza inquietante, de acuciante soledad, abiertos al misterio de la duda, habitados por imposibles construcciones incapaces de albergar experiencia vital alguna y cuya posibilidad de existencia es sumamente remota. En sus horizontes sólo pervive la soledad, la posibilidad de un viento gélido que eterniza los mínimos recuerdos o los vacilantes pasos de una alejada vida con pocos argumentos.

Los Nueve ángulos del misterio que Cristina Ramírez nos presenta, bellamente descritos en la sutileza de la tinta y el dibujo conformante, nos transportan a laberínticos recovecos de la mente; espacios aparecidos tras la amarga duda de una pesadilla donde sólo permanecen estelas del recuerdo, paisajes destronados de una existencia posible, troncos apilados surgidos de un naufragio soñado que dejan la ácida sensación de una presencia que se escapa.

La exposición de Cristina Ramírez no puede pasar desapercibida, no deja resquicio a la duda, no promueve la indiferencia; sus dibujos transmiten un desasosiego emocional, transcriben escenarios de un sueño mal asimilado y de amargo despertar. Sus paisajes, desolados, enigmáticos, presentidos e inabarcables en los horizontes del recuerdo, plantean proposiciones para que la mirada desencadene escenarios infinitamente más amplios de lo que ella abarca.

Estamos ante una exposición seria, justa y sumamente importante. Una muestra que no admite distorsiones, que acapara por completo la emoción de la mirada y que se merece mucho más que compartir espacio y tiempo con otros bellos argumentos creativos.

cristina ramírez bueno

Palacio de los Condes de Gabia, Sala Ático. Granada

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