Marcus Miller. Artista

"Los artistas no pierden el tiempo etiquetando su música"

  • El músico total, célebre como el ultimo compinche de Miles Davis, cierra esta noche la XXVIII edición de Jazz en la Costa con una actuación en la que presentará su disco 'Afrodeezia'.

Marcus Miller se hizo famoso entre los aficionados al jazz en los ochenta, cuando se convirtió en la principal muleta del último Miles Davis, el que dosificaba sus soplos ya aquejado de los serios problemas respiratorios que acabarían con su vida. En una época en la que la importancia y la presencia del jazz parecía desvanecerse engullida por el inexorable paso del tiempo, Miller se convirtió en el último mohicano del género en el que la afición puso sus expectativas. Lo cierto es que el joven Marcus venía siendo desde los setenta un prodigioso intérprete, multiinstrumentista, compositor, arreglista y productor cada vez más requerido como músico de estudio por los principales artistas del jazz, del funk y de la fusión. Una figura tan prolífica como promiscua que cerrará esta noche la vigésimo octava edición del Festival de Jazz en la Costa con la presentación de su último proyecto, el álbum Afrodeezia (Blue Note, 2015) que publicó esta pasada primavera. Escuchar sus reflexiones sobre el proceso creativo, el estado de la industria, la música de Miles Davis, e incluso anécdotas de su relación con el trompetista es un privilegio al que ningún aficionado puede renunciar.

Comienza hablando de su experiencia junto al maestro: "Toqué en su banda unos dos años cuando tenía 21. Luego me alejé, pero volví unos años después y comencé a escribirle canciones y a producirle discos. Fue una etapa muy linda de mi vida, porque aprendí muchísimo a su lado". Y continúa con más detalles sobre el modo de trabajar junto a él. "En realidad no me decía mucho. Simplemente me destacaba lo que le gustaba de lo que yo hacía... y lo que no le gustaba. Básicamente me dedicaba a crear lo que pudiese y lo interpretaba para él. Con suerte le gustaba y seguíamos para adelante, y si no, volvía a probar. De vez en cuando, cuando componía para él, me decía que escribiera una nueva sección en determinado lugar de un tema, o que quería escuchar un piano aquí o allá... cosas así". Incluso revela una jugosa anécdota. "Un momento especial que recuerdo haber disfrutado con Miles fue durante la grabación de Amandla (Warner, 1989). Estábamos en el estudio y por esa época Miles no quería tocar más jazz de estilo tradicional, pero ese día estábamos tocando y levantó cuatro dedos de su mano y tocamos... él y yo. Y tocó y tocó, acorde tras acorde. Bellísimo. Era la canción llamada Mr. Pastorius, y le salió tan bien que llamé a Al Foster, el batería, y le dije: 'Tienes que venir al estudio y escuchar lo que acaba de hacer Miles'. Él vino y, tras escuchar la grabación, dijo: '¡Wow, no toca así desde hace mucho tiempo!'. Estuve muy feliz de escuchar eso".

Otro de los aspectos recurrentes cuando se habla de Marcus Miller es su proverbial capacidad de trabajo, pues su nombre aparece en más de cuatrocientos discos. "Lo que pasa es que cuando vivía en Nueva York tocaba todos los días, el día entero, en distintos discos. En esa ciudad los estudios de grabación están tan cerca uno de otro que te permiten hacer un montón de grabaciones por día: terminas en uno, cruzas la calle y llegaste al otro. Yo estaba muy ocupado, y fue otra etapa muy linda de mi vida porque aprendí tanto al estar en contacto con semejante cantidad y diversidad de gente. Fue divertido". Y con tanto trajín, claro, hizo todo tipo de música. "Lo que me gusta del jazz es la improvisación, adoro la armonía. Del funk me gustan los ritmos. Normalmente trato de combinarlos". Y sobre la diversidad de estilos, esas infinitas etiquetas con que bautizan los críticos cada tendencia tiene su opinión particular: "En realidad pienso que en general la gente cree que hay más lenguajes de los que realmente hay. Creo que muchas de esas etiquetas son inventos de los críticos, son nombres distintos para las mismas cosas. Todo lleva a los mismos sonidos y la diferencia radica en acentuar más los tambores o las trompetas, pero realmente es todo lo mismo. El problema es que los críticos les han dado todos estos distintos nombres y le hicieron creer a la gente que existe esa cantidad de diferentes subgéneros cuando en realidad se trata de buena música o mala música. Incluso la palabra jazz... Los músicos no crearon esa palabra, algún crítico lo hizo, intentando describir la música. Los músicos no pierden el tiempo etiquetando su música; están demasiado ocupados creándola".

En cuanto al proceso creativo que tan bien domina también se explaya: "La tecnología musical le quita esencia a la música, pero también le agrega. Vivimos en una era tecnológica y la música tiene que sonar como el mundo. Creo que uno tiene que ser muy inteligente en la forma en que usa la tecnología. Durante mis primeros años y mi adolescencia solía escuchar a Herbie Hancock y los Headhunters, que usaban un montón de sintetizadores y lograban una música bellísima, lo mismo que Stevie Wonder, mucho sintetizador y aún lograba hacer música linda y humana. Uno tiene que encontrar el balance para que la tecnología no tome por completo tu música, sino que la enriquezca".

En cuanto a la dicotomía entre tocar y estudiar, entre la labor en el estudio y la actividad en directo, piensa que hay que hacer ambas cosas. "Si sólo se toca, faltarán cosas, y si sólo estudias faltarán cosas también. Hay que estudiar y también hay que salir al mundo real y tocar". Y añade, "Si tocas en el estudio durante mucho tiempo pierdes tu fuego, no sabes cómo tocar de cara al público, no sabes cómo llevarles hacia tu música. Y si tocas en directo mucho tiempo pierdes tu posición. Todo es energía y no escuchas todos los detalles de lo que tocas. Así que para mí son lo mismo, ambas cosas te convierten en un músico completo, ser capaz de grabar tu música y escuchar exactamente qué es lo que estás haciendo, donde cae tu bajo exactamente en relación a la batería, con exactitud, no sé si me explico. Y luego tocar en directo y descubrir cómo conseguir que la gente se involucre emocionalmente con tu música. Muchos músicos de estudio no pueden hacer eso".

Lo dice alguien que está considerado un experto en las diversas fases del proceso de creación musical, como compositor, como músico, como productor… "Para mí es simplemente escuchar música en mi cabeza y luego concretarla en la vida real. Primero debo escribirla, luego la arreglo, después la produzco y mezclo (ríe). Hago todo lo que sea necesario para que me salga bien. No encuentro las diferencias o los límites entre ser músico, productor y compositor... Las tres partes conforman mi yo completo".

Y una gran parte de ese trabajo es por encargo, y al respecto reflexiona: "Tengo algunos temas en el armario, ya me entiendes, pero la mayoría de los temas los escribo específicamente para cada proyecto. Está muy bien tener un par de temas extra por ahí, por si llega el punto en que dices: 'oh, esto funcionaría perfectamente', para que no tengas que pegarte la paliza escribiendo algo de cara a una fecha de entrega. Cuando tengo tiempo me gusta escribir con más libertad, pero no tengo mucho tiempo libre".

Algunos de esos encargos han sido para el mundo del cine, una especialización que le motiva particularmente. "Sí, me interesa bastante y me divierte porque me da la oportunidad de probar cosas, ideas, que normalmente no intentaría, diferentes orquestaciones. Por ejemplo, un tema puede demandarme determinado instrumento que normalmente no utilizo. A veces pruebo más cuerdas y luego disfruto usándolas en mis siguientes discos, cuando antes no las usaba. Lo que pasa es que por ahí las experimento y me enamoro de sus sonidos. Incorporé esas nuevas cosas en mis discos, pero todavía no las introduje en vivo porque creo que llevar violines ya sería demasiado (ríe); sí lo hago en mis grabaciones y me divierto muchísimo".

Lo que sí es una constante en todas sus creaciones es la presencia del bajo, porque al fin y al cabo Marcus Miller es fundamentalmente bajista y suele componer a partir de la línea de bajo. "Sí, totalmente. A veces la parte del bajo es la primera que escribo, a veces no, pero siempre sé que tengo que dejar espacio para el bajo en mis proyectos". Y en concreto, como bajista, siempre se ha mantenido fiel al Fender Bass, "Cuando empecé como músico de estudio en Nueva York necesitaba un bajo que fuera muy versátil. En Nueva York todos los días estábamos tocando algo nuevo, tocábamos música funk, latina, caribeña, country... así que necesitabas un bajo que pudiera cubrirlo todo. Y para mí los bajos Fender son los únicos con los que puedes tocar cualquier tipo de música, porque así es como empecé, tuve que acostumbrarme a ese bajo Fender que acabó convirtiéndose en mi sonido, es algo así como mi voz. Así que incluso si encuentro un bajo que es más bonito, o más agudo, o más brillante, o más oscuro, o más cálido o lo que sea, no va a ser mi propia voz, así que...".

Pero no es el bajo el único que domina. Su fama de multiinstrumentista le precede: "Toco los otros instrumentos probablemente una hora diaria en total. Toco el clarinete unos veinte o treinta minutos, especialmente cuando estoy de gira, toco el teclado siempre que puedo, quizás treinta o cuarenta minutos diarios. Luego cuando estoy en casa paso a la "fase de clarinete", lo toco todo el día, a veces el saxo o a veces el piano".

Volviendo al bajo, el instrumento al que realmente se considera unido, nos cuenta su percepción de la gira SMV, el encuentro con otros dos grandes del instrumento como Stanley Clarke y Victor Wooten: "Realmente fue muy interesante escuchar tres personalidades diferentes en el mismo instrumento, y en cierto modo afinó mi percepción de quién soy, en esa situación en la que me di cuenta de qué es lo que me hace diferente a los demás. Y entonces comprendí lo que tengo de especial, y creo que Victor y Stanley descubrieron lo mismo en su caso. Así que fue una experiencia de aprendizaje muy buena para todos, y además nos lo pasamos muy bien". Finaliza la charla mencionando algunas de sus preferencias actuales. "Me gusta mucho Joshua Redman, todo lo que hace, me gustan Roy Hargrove, Esperanza Spalding… y todo lo que hace Herbie Hancock".

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