La belleza irrepetible del retrato del Renacimiento toma El Prado

  • Obras de Van Eyck, Lombardo y Piero della Francesca se mostrarán por primera vez en la pinacoteca en esta muestra que resume dos siglos de la historia del género

Un festín de obras maestras nunca reunidas antes. Esa es la descripción que el Prado hace de El retrato del Renacimiento, 126 piezas de 70 autores procedentes de museos de medio mundo que se exhibirán desde el día 3 de forma "tan bella como irrepetible" debido a lo complejo y costoso de su montaje.

El director del museo, Miguel Zugaza, explicó ayer en rueda de prensa que la exposición, que estará abierta en el Prado hasta el 7 de septiembre para viajar luego, "en una versión distinta", a la National Gallery de Londres, es "absolutamente excepcional" y exclusiva. Lo es, detalló, por su "argumento científico y resolución formal", porque nunca antes habían tenido que "aunar tantas voluntades" para lograr los préstamos y porque "nunca se habían reunido antes tantas obras maestras de forma tan pertinente".

La muestra, posible gracias al patrocinio de la Fundación AXA, comenzó a gestarse hace 4 años, cuando el comisario de la misma, Miguel Falomir, jefe del departamento de Pintura Italiana del Renacimiento del Prado, le propuso "algo que no se había hecho nunca": reunir 200 años de la historia del retrato, de 1400 a 1600.

Son obras representativas de los logros alcanzados en los ambientes artísticos tanto del Norte como del Sur de Europa y que ahora cuelgan en museos de Estados Unidos o Canadá pero, sobre todo, en salas italianas, alemanas, inglesas, francesas y españolas.

Según Zugaza, que ha dado gracias especialmente por su colaboración al Museo Thyssen, desde allí han llegado al Prado por primera vez, "y con vocación paneuropea", obras de Van Eyck, de Lombardo, de Piero della Francesca o de Giorgone, que se codean con otras de Rubens, Durero, Tiziano, Rafael, Botticelli, Lotto, Holbein o Antonio Moro, autores de magníficos "objetos emotivos" y "de recuerdo del ausente".

El retrato del Renacimiento, ha asegurado Zugaza, no busca el éxito de público, "que es seguro que lo tendrá", sino "elevar la altura artística del museo" con la exhibición de piezas "autónomas", en forma de cuadros, medallas, esculturas o monedas, que van desde los 30 centímetros de las más antiguas a los más de 3 metros del cuadro de Carlos V a caballo de Tiziano.

Falomir ha indicado que probablemente no hace 600 años era un privilegio reservado a los más pudientes, es decir, hacerse un retrato por eso tenían formato pequeño porque no estaban destinados a ser exhibidos sino a ser guardados en un arcón.

"Durante esos 200 años se asiste a la democratización del retrato y empieza a transitar por otras fronteras", apuntó el comisario, que confesó que el que más le emociona es el del anciano de Ghirlandaio, cedido por el Louvre, por cómo hace "vivo al muerto". También destacó, entre otras, las imágenes de los niños de Bronzino y Caroto, las censuradas de Erasmo, la Lucrecia de Lotto, el autorretrato de Durero y la "espectacular" sección final, con enormes retratos de corte, "el punto fuerte" de El Prado, que ha aportado para esta muestra 40 obras.

El retrato, dijo Falomir, es "memoria, identidad e imagen" pero también un género que ha deparado algunas de las obras maestras de la historia del Arte que podrán contemplarse desde la próxima semana, aunque ha reconocido que se "echarán de menos" en ella los cuadros gremiales flamencos, imposibles de trasladar debido a que son todos tablas de gran tamaño, aunque sí aparecen en el catálogo.

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