El bombazo terrorífico se queda en bombita de peste

EEUU, 2010, Terror, 102 min. Dirección: James Wan. Guión: J. W. y Leigh Whannell. Intérpretes: Patrick Wilson, Rose Byrne, Ty Simpkins, Barbara Hershey, Andrew Astor. Música: Joseph Bishara. Fotografía: D. M. Brewer, J. R. Leonetti. Cines: Cinema 2000, Kinépolis, ArteSiete Alhsur.

Haber sido junto al guionista Leigh Whannell el creador de la franquicia Saw (Sade de gran superficie para adolescentes estragados por videojuegos), y su explotador a través de la producción de seis entregas, marca negativamente y para siempre la filmografía de James Wan. Todos somos hijos de nuestras obras y los creadores o manufactureros que las exponen al público lo son aún más. Las posteriores y fallidas Dead Silence y Sentencia de muerte no le han redimido. Insidious, lanzada como la nueva bomba veraniega del cine de terror, tampoco lo hace. Aunque sea lo mejor que ha rodado hasta ahora -lo que tampoco es decir mucho-, la bomba queda en bombita de peste de tienda de bromas.

La cosa no empieza mal. Familia que se muda a caserón que parece habitado por viejas presencias. Desvanes demasiado tentadores. Niños demasiado curiosos. Batacazo y coma. Un padre que todos los días llega demasiado tarde. Una madre que tiene demasiado miedo a quedarse a solas con el niño en coma, sus otros dos hijos pequeños y las apariciones maléficas que parecen poblar la casa. Hay que agradecerle a Wan despacharse casi media película sin efectos especiales ni truculencias, intentando crear un terror psicológico basado en los miedos de los personajes y las relaciones entre ellos. Desgraciadamente los actores no están sobrados de facultades (o están pésimamente dirigidos) y sus miedos o conflictos nos importan un pimiento.

Pero los problemas más graves surgen a partir del susto del diablo colorao; porque la película se desliza entonces hacia el efectismo que hasta ese momento había evitado y deriva no se sabe bien si hacia la parodia o lo serio, el humor o el horror, El exorcista, Los cazafantasmas, El laberinto del fauno o todo a la vez. El último tramo es una traca de efectos que culmina en una mascletá grotesca. Sus defensores dicen que este grotesco es un voluntario ejercicio paródico. Allá ellos. También han dicho que esta cosa recuerda los grandes relatos de fantasmas. Las cosas que hace decir no haber leído (o de haber leído mal) a M. R. James o Algernon Blackwood.

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