El bosque de los vencidos

Fiel a su estética de la crueldad limítrofe con las formas y asuntos del fantástico, Villaronga se apropia del material de Teixidor para hacer una película muy suya, tal vez más integrada industrialmente que títulos como Tras el cristal, El niño de la luna, El pasajero clandestino, El Mar o Aro Tolbukhin, aunque siempre dispuesta a ofrecer una mirada personal alejada de ciertos tópicos o de los maniqueísmos al uso.

La Cataluña profunda de 1944 resuena aquí en todo su esplendor realista como marco ancestral para diseccionar la degradación moral de un país contaminado por los rencores y las revanchas sin necesidad de enarbolar banderas ni discursos políticos. Uno de los grandes méritos de Pan Negro reside en su capacidad para diluir el frontismo y las rencillas de las dos Españas en un tratamiento telúrico y fantasmal que apunta a las esencias de la tragedia y a una cierta mitología rural (con el bosque como epicentro para misterios y leyendas) de la que emerge una inopinada poética del pesimismo.

El otro lo encontramos en una caligrafía visual al alcance de muy pocos cineastas de nuestro país. La imaginería marca de la casa, la puesta en escena o la fotografía de Antonio Riestra hacen de ésta una película visualmente elocuente que entronca con las inquietudes y atmósferas del cine de su autor. Ya la primera secuencia, de una violencia seca y brutal, es toda una declaración de intenciones sobre la asunción de ese punto de vista infantil que preside una historia de iniciación y descubrimiento sin paños calientes, una historia en la que se desenmascaran las leyendas, las filiaciones y los mitos para despejar a machetazos de desencanto las verdades más íntimas y dolorosas en el seno del ámbito familiar. Es posible que entre los secundarios de lujo (López, Fernández, Marull) asomen las inercias esquemáticas de la tipología del cine español de siempre, o que algunas secuencias se resuelvan por la poco recomendable vía del diálogo explicativo. En cualquier caso, es una cinta de una potencia y un aliento visual deslumbrantes, un siniestro cuento infantil para niños que han dejado de creer en cuentos, una crónica ambigua, descarnada y lírica sobre los falsos mitos sobre los que se asientan los relatos de nuestra historia reciente.

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