El cantautor atípico

Con un pie en su Nueva Orleans natal y el otro en Los Angeles, donde reside, vuelve Randy Newman a hacer un álbum de canciones, de esos que equidistan del pop y del rhythm & blues, que retratan con mordacidad la sociedad americana y sus pecados. Si Newman es prolijo en componer bandas sonoras por encargo, que las tiene en abundancia, parece mostrarse más perezoso a la hora de hacer discos como éste, que retrotraen a su época gloriosa de los 70. Arreglos suntuosos conviven con su querencia por las raíces y su lengua viperina. Y en defensa de su país tiene estopa hasta para Europa.

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