De cazador a escriba

  • 'Neolítico, de nómadas a sedentarios' recorre el cambio trascendental de los primeros poblados a las sociedades urbanas con ejemplos como Jericó y Uruk

Inmersos hoy en una trepidante época de cambios, los hombres del pasado necesitaron miles y miles de años para revolucionar su forma de vida. Desde Jericó, la primera población de la que se tiene constancia en la historia, hasta Uruk, la amurallada ciudad mesopotámica donde nació la escritura, transcurrieron unos 6.000. Sin embargo, aquellas transformaciones que se produjeron entre tanto fueron tan importantes que encendieron la mecha de "nuestra civilización". La exposición Neolítico, de nómadas a sedentarios, en el Paseo del Violón, propone una vuelta al pasado de hace 13.000 años para entender cómo "nos convertimos en sedentarios y pasamos de vivir en las cuevas" sujetos a "la caza y la recolección" a hacerlo "en poblados y en cabañas y alimentarnos de lo que producimos". Gracias a aquello aparecieron las ciudades, el comercio y la escritura.

El comisario de la exposición, Lluís Batista -que ha contado con el asesoramiento científico del codirector del Proyecto Atapuerca, Eudald Carbonell- explica que la historia es cíclica: "Los errores del pasado nos sirven para aprender y no volver a cometerlos en el presente. Las épocas van y vienen".

Cuando hablamos de hombre nómada "nos referimos al homo sapiens. Sin embargo, este cazador debía estar pendiente del azar y la suerte y había veces que volvía a casa sin nada". Se trataba de grupos pequeños que vivían en cuevas o abrigos hasta que a finales del mesolítico comenzaron a surgir algunas cabañas en las zonas de Siria y Palestina. El hombre agricultor, sin embargo, "es esclavo de la tierra". El comisario de la exposición subraya que si bien el cazador "tenía más tiempo libre puesto que podía conservar salando o ahumando la carne, el agricultor debía estar pendiente de las inclemencias metereológicas". Pero no hubo vuelta atrás: "O dábamos el paso hacia la agricultura o el medio ya no nos daba lo suficiente para aguantar la supervivencia de grupos y sociedades tan extensos".

Para comprender uno de los periodos fundamentales de la historia del ser humano, la muestra que se podrá ver hasta el próximo 29 de enero utiliza una "museografía bastante avanzada" con escenografías que ayudan al visitante a "entender mejor los diferentes hitos que dieron lugar al Neolítico". Organizada por la Obra Social La Caixa y estructurada en cinco grandes ámbitos, reconstruye la decisiva evolución de nuestra especie en un periodo que comprende entre hace 13.000 y 5.000 años.

Los últimos cazadores

El viaje comienza en el Mesolítico, la etapa de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, con una escenografía que muestra la cueva de un cazador con una gacela a los hombros. "Comienza aquí", explica el comisario, "la caza selectiva de los animales". Esta escena representa la antigua vida en las cavernas.

La agricultura

El espectador es recibido con el inicio del periodo Neolítico (hace entre 11.000 y 10.000 años), cuando se da el paso de la cueva a la casa y de la recolección selectiva a la agricultura. La exposición recrea en esta parte "una cabaña del primer poblado del que tenemos conocimiento, el de Jericó, donde se han encontrado los primeros vestigios de agricultura en la forma de trigo y cebada". La ciudad de Jericó estaba amurallada y podía contar con unos 2.000 habitantes, que probablemente respondieran a una estructura social bien organizada.

La ganadería

El poblado de Jarmo (Kurdistán iraquí) simboliza a la perfección el paso hacia la ganadería. Además de hacerse una idea de la vida cotidiana en este periodo, entre 10.000 y 9.000 años, en que tuvo lugar "la domesticación de la cabra en un primer momento y que luego se extendió a las ovejas y los cerdos", el visitante podrá conocer a animales como el muflón asiático (antepasado de la oveja); el gallo bankiv (de la gallina); el guanaco (de la llama) o el conejo salvaje de Iberia, domesticado hace unos 3.000 años.

La cerámica

Hace entre 9.000 y 6.000 años, surgió la innovación tecnológica más importante del Neolítico: la cerámica. La exposición ejemplifica sus múltiples formas y simbologías (diosa madre, manos, toro o flores) a través de uno de los yacimientos más conocidos de la península de Anatolia, Çatal Hüyük, de donde serían estos primeros ceramistas "que hicieron las primeras construcciones complejas, de las cuales algunas son santuarios y otras zonas de vivienda". Todo gira, subraya el comisario, "en torno al ritualismo". En una vitrina se pueden ver los nuevos recipientes que surgieron por las "nuevas necesidades": morteros de piedra, vasos de piedra, cestos con recubrimiento de betún, cazos de cerámica...

La escritura

La última parada de este viaje al Neolítico es la ciudad de Uruk, "la gran ciudad que da nombre al periodo Uruk" con el que finalizó la etapa prehistórica gracias al paso de una economía depredadora a una productora de alimentos que dieron lugar a una fase de avances tecnológicos ligados a este cambio económico (la cerámica), el fenómeno del urbanismo y el descubrimiento de la escritura. Las tablillas de barro de Uruk son los más antiguos ejemplos conocidos de escritura -de tipo pictográfico-, fundamentalmente utilizadas para asuntos comerciales (como la cesión de productos como grano, cerveza o ganado).

¿Hacia dónde se dirige el hombre del futuro? Lluís Batista afirma que hoy en día el hombre "está tan tecnificado" que "difícilmente evolucionaremos de forma física puesto que hoy prácticamente todo lo hace la tecnología por nosotros". Es más complicado predecir "hacia dónde nos dirigimos en el ámbito económico mundial ya que son cuestiones que se nos escapan pero quizás nos encaminemos a un cambio de escenario económico".

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