La chica de mirada soñadora y soñolienta

  • 'Valentina' (Debolsillo) reúne cuatro álbumes de la famosa heroína creada por Guido Crepax en los años 60

En 1963, después de una primera etapa como ilustrador de portadas de libros y discos, el milanés Guido Crepax inició una segunda y exitosa etapa en el mundo del cómic para adultos, en plena ebullición por entonces. En 1965, creó el personaje de Philip Rembrandt, Neutrón para los amigos, crítico de arte para más señas, dotado de facultades extraordinarias y prometido a una fémina no menos extraordinaria de nombre Valentina, quien, concebida como personaje de refuerzo, no tardaría en imponerse y relegar al susodicho Neutrón a un justo segundo plano.

Valentina Rosselli, una gacela de mirada lánguida, entre el ensueño y la soñolencia, está obviamente inspirada en Louise Brooks; la propia Valentina reconocería que decidió copiar el característico corte de cabello de la famosa actriz después de haber visto La caja de Pandora (1928) de Georg Wilhelm Pabst, en una típica guinda para connaisseurs reservada para quienes se las daban de intelectuales en aquella década prodigiosa.

Valentina, que habría nacido el día de Navidad de 1942, es hija de su tiempo; un tiempo de apertura que conoció también la aparición de Barbarella, creada por el Jean Claude Forest en 1962, y otras heroínas de la fantasía heroica… Erótica, quería decir. El propio Crepax ideó otras heroínas de similares características que no recibieron el mismo cariño dque recibió ésta. Valentina es fotógrafa de profesión y Crepax la muestra a menudo retratando o contemplando las desnudeces de hermosas modelos con las cuales, llegado el caso no duda en darse un achuchón, un revolcón o lo que se tercie.

A través de esta mujer elástica, desinhibida, tan atrevida como complaciente, cercana y lejana por igual, una y múltiple, Guido Crepax orquesta una celebración del Eros… revolucionaria, pero menos. Un aspecto distingue a Valentina de otras ficciones similares: Crepax quiso que el personaje cumpliera años según éstos iban pasando. El padre de la criatura quiso que ésta madurara, que se las viera con canas y arrugas, como usted y yo, y que se enfrentara al destino último de todo mortal. Valentina Rosselli murió en 1995, a la edad de cincuenta y tres años, en la página de cierre del álbum Al diavolo Valentina!.

En Valentina (Debolsillo) se han reunido los cuatro títulos que componen la Tetratología de Baba Yaga (1971-1972), que enfrenta a esta intrépida ragazza a una bruja procedente del folclore ruso, la tal Baba Yaga. Todo empieza a la salida de un cine de arte y ensayo, a donde ella y Philip han asistido para ver Los rojos y los blancos de Miklos Jancsó, ahí es nada. Valentina está a punto de ser embestida por un lujoso vehículo; una vieja dama sentada al volante le confiesa haberse echado a las calles precisamente porque, según una profecía, aquella noche habría de atropellar a una mujer. ¿Por qué no se ha cumplido la profecía? La anciana teje en torno a la joven una tupida telaraña, visible para todos excepción hecha de la protagonista que, con la imprudencia que la caracteriza, se mete en la boca del lobo temeraria, oportunamente. Los lances son, en líneas generales, previsibles: todo está diseñado para que o bien Valentina se baje las bragas ella o bien se las bajen otros, en una serie de numeritos arty, más o menos osados.

La historia es una mera excusa para adentrarse en mundos de ensueño, pura intuición o puro antojo, convenientemente aliñados con aderezos típicos de la ciencia ficción, el thriller o el feuilleton del montón. La fuerza de las historietas de Guido Crepax no reside en los guiones, sino en el dibujo o, mejor aún, en una personal e intransferible concepción de la página. Crepax llevó a cabo una radical dislocación del espacio, proponiendo viñetas en secuencias inesperadas, atrevidas, que crean un tempo singular. (No será insólito tener que volver sobre nuestros pasos porque hemos equivocado el camino correcto). También hay que destacar el aprovechamiento del vacío -esto es, del espacio no dibujado- como elemento decisivo del lienzo. En su día, la Tetralogía de Baba Yaga fue llevada a la pantalla por el cineasta Corrado Farina; Isabelle De Funés encarnaba a la chica de mirada soñadora y soñolienta, Carroll Baker a la Vieja Dama.

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