Un circo en un cementerio

  • l Hasta el 19 de febrero. Jueves: 20:30 horas/ Viernes y sábado: a las 19 y a las 22/ Domingos: 17 y 20 horas.El Circo de los Horrores vuelve a Granada con sus decenas de monstruos sacados de películas como 'El exorcista', 'Poltergeist' o 'Abierto hasta el amanecer' y el universo literario de Allan Poe o Lovecraft

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Faltan sólo cuarenta minutos para que empiece la función y Suso Silva, el maestro de ceremonias, aún no ha comenzado a maquillarse. Él es el director, el artífice y el protagonista de El Circo de los Horrores. ¿Cómo se le ocurre a alguien mezclar circo y terror? "Muy fácil", dice. "Qué mejor niña del Exorcista hay que una contorsionista, que rompe su cuello, que se dobla, que se pone en puente". ¿Cuál es el sitio de los murciélagos? "En un trapecio desde lo alto de la carpa, colgado de los pies envuelto en sus alas". Si como Jack el Destripador, "que rajaba con sus cuchillos a las lumis de la antigua Inglaterra del 1800, pones a un lanzador a la antigua usanza de cuchillos, lo extrapolas y lo tematizas como el personaje y montas la historia de una chica de vida fácil en una calle de Londres entre niebla y humo y Jack vestido de la época lanzándole cuchillos, te encaja perfectamente". O te mueres de miedo o te mueres de risa, pero el Circo de los Horrores no deja a nadie indiferente.

Es la segunda vez que el espectáculo llega a Granada, sólo que en esta ocasión han cambiado el escenario del Isabel la Católica por una gran carpa negra en la Plaza de Toros donde caben unas 800 personas. El ruedo está ahora lleno de lápidas, gárgolas y una incesante niebla de donde salen, muy a pesar de los espectadores descuidados, personajes que parecen sacados de la Matanza de Texas y que logran arrancar los primeros gritos antes de empezar. Pero hay mucho más: están el Nosferatu de Murnau, Belcebú, Débora la vampira, la Dulce Sara, el payaso Grimo, la Momia acrobática, Cuasimodo, la Parca... Decenas de monstruos del universo cinematográfico y literario que siempre han fascinado al director de la compañía.

No faltan clásicos como La Momia, El Fantasma de la Ópera, El Exorcista, Poltergeist, Abierto hasta el amanecer o Silent Hill pero, especialmente, hay un guiño que homenajea al mundo de Edgar Allan Poe y Lovecraft. "Son los míticos, mis referentes". De Poe, Suso Silva se queda con el sabor enrevesado y la inmediatez de sus relatos de terror. "Yo lo asocio directamente con una calle oscura y en tinieblas de primeros de siglos". De Lovecraft, el miedo a no se sabe qué. "Es el peor miedo que existe. No saber qué se esconde detrás de la niebla".

Todo eso mezclado con kilos y kilos de maquillaje ha hecho que esta obra, que nació en 2006, siga tan viva como el primer día. Sólo necesitan que la gente "venga muy predispuesta a pasarlo mal, pero también a reírse". Público no le falta. La obra está planteada para gente de entre 15 y 40 años, "pocos asiduos o nada a venir al circo o ni siquiera al teatro". Aquí, dice Suso, "redescubren de repente el circo de su niñez y se quedan asombrados de que se pueda hacer circo de esta manera".

La obra es un flashback de cómo Nosferatu llega a ser quien es: "Un señor que desciende de un tren con una maleta y baja en la parada equivocada", justo a la entrada de un antiguo cementerio que le hiela la sangre. A partir de ahí, comenzará su huida de los monstruos que quieren convertirle en uno de ellos.

Para Suso Silva, un experimentado actor circense gallego (Premio Nacional de Circo 2003-2004), era imprescindible el guión. "El circo de toda la vida, el convencional, está bien cuando se presenta bien, pero a mí no es el que me gusta. Creo que hay que contar una historia. A un chaval de veinte años no le vengas con un numerito de un salto mortal sin más porque no tiene ninguna gracia. Nosotros vendemos un guión, una historia, personajes más contemporáneos y un humor muy fresco que no está vetado para los niños pero no está planteado para ellos".

Suso no viaja solo. Además de su mujer y su hija -la vampiresa y la Dulce Sara-, le acompaña un equipo de unas cuarenta personas entre actores y técnicos. Son una gran familia en la que hay "muy buena relación, excelente", pero que sabe separar muy bien trabajo y vida personal. De lo contrario, "sería muy difícil llevar todo adelante", pero no faltan celebraciones de cumpleaños con champán y barbacoas incluidas. "La última vez fue en Sevilla", dice Suso, "donde hacía un sol estupendo". Aunque es una compañía muy "fácil y asequible", los actores vienen de artes muy distintas: música, danza o teatro. "Eso quizás ha sido lo más difícil; poner de acuerdo a gente tan dispar, pero el resultado es excelente".

Para convertirse en el Nosferatu en blanco y negro que todo el mundo recuerda, el protagonista necesita pintura blanca, lentillas, orejas, nariz y colmillos bien afilados... A fuerza de repetirlo, ha pasado de las casi dos horas de maquillaje del principio a los cuarenta minutos. "Hubo todo un preámbulo de aprendizaje", explica. "Antes necesitábamos a alguien que nos ayudara pero ahora cada uno se maquilla solo". Impresionan personajes como El Loco, que se pasea por la pista con sierras mecánicas que hace girar en el aire, o las Almas Perdidas, fantasmales criaturas del Averno que ha construido este Circo de los Horrores. Si la niña del Exorcista es capaz de retorcerse en directo sin necesidad de efectos especiales, Silva echa mano de la típica vampiresa y la hace bailar contoneándose con una serpiente a lo Tarantino o transforma al payaso de toda la vida y le da la vuelta para convertirlo en un payaso terrorífico.

Funciona bien por eso precisamente. Porque después de las múltiples sesiones de maquillaje y disfraces -unos ochenta en total- todo parece real. Desde los personajes a la misma Plaza de Toros convertida en cementerio, entre la "bruma, la humedad, el limo y el musgo" de los cementerios antiguos de Galicia que inspiraron al autor, "perdidos en los antiguos pueblos donde dicen que todavía quedan brujas". Algo de celta tiene el espectáculo, subraya Suso sólo unos escasos minutos antes, cuando ya la cola comienza a inquietarse con los continuos sustos de los monstruos del circo.

El director del Circo de los Horrores prefiere esta carpa en la Plaza de Toros al teatro: "En realidad yo soy un enamorado de las carpas, a mí el teatro me gusta mucho pero esto es más directo. Es una carpa negra que está toda tematizada en su interior. Es como un anfiteatro donde todo está muy concentrado y cercano".

Hasta el 19 de febrero será la particular casa del terror en Granada. "Hay gente que se preocupa porque piensa que hacemos el espectáculo en la Plaza de Toros pelada y mondada, pero no. Aquí en la carpa tenemos calefacción y están muy bien acomodados". Cuenta el director que apenas quedan entradas. Esta gran familia puede estar tranquila. La mezcla de horror y humor les ha ido muy bien hasta ahora. "Vamos a seguir cruzando los dedos porque no nos podemos quejar".

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