La ciudad se deshace

  • La galería Cartel ofrece hasta el 7 de marzo obras del proyecto 'Metrópoli Fragmentos' que González Olivares ideó hace unos años

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Acostumbrado a vivir desde niño en la trastienda de un videoclub, Francisco González Olivares siempre tuvo su vista puesta en los fragmentos. Recuerda hoy que hace años comenzó una afición de altura que tenía mucho que ver con los picados y cenitales cinematográficos. Subía a lo alto de su pueblo, Salobreña, y fotografiaba los tejados. Así comenzó una pasión que define su obra como una composición de fotogramas urbanos donde las ciudades son puzzles que él llena con piezas pictóricas. Es algo así como "desnudar un paisaje", explica.

Metrópoli Fragmentos es un proyecto de investigación que comenzó hace años, cuando dejó de ser un niño de pueblo y se convirtió en un hombre de ciudad. Influenciado por los barridos en las ciudades del cine, por las grandes panorámicas, por el vuelo desde el cielo hacia una esquina a simple vista insignificante, el artista está intensamente interesado por la profundidad y la perspectiva, por la distancia, por el tiempo... En la galería Cartel muestra las últimas 24 obras de una tesis que no deja de crecer.

Su forma de trabajar tiene mucho que ver con lo emocional. Cuando pasea por una ciudad cualquiera, por Granada por ejemplo, su atención se fija en la sensación que trasmite un momento en una calle. Un color rojizo sobre una esquina o un azul intenso reflejado en una pared. Lo fotografía desde distintas perspectivas y en diferentes tiempos y luego, basándose en esas imágenes, forma ese puzzle.

Podría decirse que si bien González Olivares crea o forma a través de sus fotografías un paisaje, luego lo rompe y lo deforma con la pintura. Lugares reales se convierten así en lugares imaginarios.

Dividida en dos series, la exposición cuenta por una lado con varios cuadros de la Alhambra, "que son un poco más convencionales", y, por otro, con sitios de la ciudad como Reyes Católicos, San Juan de Dios o el Paseo de las Angustias. "La parte urbana es más arriesgada: hay composiciones ficticias donde me tomo mis licencias". Ocurre por ejemplo con una imagen de 180 grados desde el Hotel Victoria donde sustituye algunos elementos reales por otros pero el caso más claro es el de la escultura a Colón donde el artista, mirando hacia Gran Vía, se permite darle la vuelta de forma que las figuras no queden de espalda y achicarlas para componer una imagen en uve.

Aunque la fotografía sea el origen, González Olivares no se considera fotógrafo. "Cuando fotografío lo hago pintando, no espero que sean buenas sino que sean funcionales para la pintura". Tanto es así que algunas de sus obras han nacido de fotografías realizadas con el móvil. "La del Paseo de las Angustias surgió una tarde en la que iba al teatro y no llevaba la cámara. Sin embargo, estaba nevando y aquella imagen me fascinó". Realizó fotos con su teléfono y luego las compuso.

Sólo en algunas ocasiones introduce también en sus acrílicos alguna fotografía. Hay una caso en el que el azul intenso de un cuadro pertenece a la imagen de un fondo marino.

Los filtros verdosos de Matrix, los fotogramas avejentados de Death Proof, los paisajes de Moulin Rouge o las panorámicas habituales de Tony Scott en películas como Domino o Déjà Vu son los fundamentos de la pintura del artista granadino, que se confiesa además un enamorado de la obra de Maria Helena Vieira da Silva.

En una ocasión, incluso, hizo un homenaje a estas películas en una exposición que llamó Cinemascope. En la que ahora se puede ver incluye un cuadro de Moulin Rouge en el que reta al visitante a descubrir una particular esquina que 'sobra' en el paisaje parisino y corresponde a Salobreña.

Su ciudad perfecta podría ser una compuesta por capitales del mundo como Madrid, París, Roma o Berlín porque su pintura, a pesar de contar paisajes de Granada, es una pintura universal.

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