Jonás Trueba. Director de cine.

"El cine es como un contenedor de basura de las artes, puedes remover casi todo"

  • La película 'Los exiliados románticos' se estrena mañana al público en el ciclo de verano de las Cuevas del Sacromonte. En septiembre podrá verse en salas de cine convencionales.

Acercar un verano fílmico a la estación de la ola de calor - ya van dos en Granada - o a lo que algunos llaman buen tiempo. Ese era el propósito del director Jonás Trueba (Madrid, 1981) cuando se acordó preestrenar su tercera película, Los exiliados románticos, en cines de verano antes que en las salas de cine convencionales. El primer lugar donde se podrá ver la película es en el Museo Cuevas del Sacromonte, la cita es mañana. Se trata de una cinta que parte del viaje del director madrileño junto a un grupo de amigos. Una película alegre "hecha a sí misma", sobre la marcha, que ganó tres premios en el Festival de Málaga, y que llega a los mejores cines, de verano.

-¿Dónde nace la idea para estrenar 'Los exiliados románticos' en cines de verano?

-Entre las risas del rodaje, empezamos a especular y a imaginar todos que la película estuviera solo en los cines de verano. La verdad es que hemos tratado de tomarnos en serio todas las bromas que nos lanzábamos durante el rodaje. Esta es una película muy de verano. Nos parecía que podía entenderse y llegar mejor con la idea de lo ligero y al aire libre.

-¿Qué conoce de la ciudad?

-Muy poco. Es muy mítica para mí, sobre todo por los grupos de música y demás. Sí que tengo amigos en la ciudad y tuve la oportunidad de estar el año pasado a La Expositiva, donde se proyectó mi anterior película, Los Ilusos.

-La película se rueda en 12 días y da la sensación de que une una amistad entre los que formáis parte de ella.

-Sí, la amistad venía de antes. Partimos de viaje con la ventaja de que ya éramos un grupo unido que habíamos trabajado antes. Eso hizo posible la película porque rodar 12 días sobre la marcha, así un poco a lo loco, de una forma tan inconsciente, solo se consigue con un grupo entre el que nos entendemos tanto, ya casi por lenguaje de signos.

-¿Cuánto cambia la película desde que la plantea hasta el resultado final?

-Normalmente, en el proceso de cualquier película suele haber un cambio grande. En el caso de esta película tan particular (hecha de una manera tan inmediata) ha cambiado mucho porque en realidad no había una idea previa. La película se fue construyendo sobre la marcha, la escribíamos durante el viaje: hablando unos con otros, pensando cuál iba a ser la siguiente secuencia. No solo es que la película se haya transformado, siento más bien que la película se ha ido haciendo a sí misma a medida que avanzábamos.

-Puede interpretarse como una película que habla de la levedad: desde las relaciones a lo político...

-Siendo una película poco premeditada, sí que me fui sorprendiendo porque sentía que era una película que sí que la llevaba dentro. Había algo que me gustaba contar y tenía que ver con mi manera de estar en el mundo y no olvidar que tenemos que construir espacios de disfrute. Incluso cuando los tiempos vienen tan mal dados, en el contexto en el que estamos, creo que un cineasta tiene que poder ofrecer películas donde uno se encuentre a gusto. Es decir, proporcionar el recuerdo de que ahí están esas risas y gestos de amistad y de amor, que no tenemos que perder nunca del todo.

-¿Qué le preguntan más: por tu segundo nombre, Groucho, o por el apellido Trueba?

-Me preguntan bastante por las dos cosas (risas), cada vez menos porque se van adaptando. Me gusta mi nombre, mi segundo nombre y mi apellido. Luego estás tú; los nombres te definen más de cara a los que no te conocen. Lo que intento es darme a conocer por las películas que hago.

-El título de la película viene de un libro de E.H. Carr. ¿Cómo se entienden el cine y la literatura?

-La película tiene un título prestado. Es un libro maravilloso que habla de los prerrevolucionarios rusos, o sea que no tiene nada que ver con la película. Pero bueno, para mí siempre la literatura y el cine se han mezclado bien. Hay quien considera que el cine siempre tiene que buscar su propia indepencia, pero yo siempre he pensado que el cine es más como un contenedor de basura de las artes. Puedes remover de cualquier lado. Para mí la literatura es una fuente de inspiración cinematográfica más grande que el cine.

-¿Qué espera de la presentación en el Museo Cuevas de Sacromonte?

-Es la primera proyección de nuestra película en un cine de verano y creo que es un gesto romántico de distribucción. Además, los cines de verano suelen proyectar películas que son los éxitos del año. Que nosotros estrenemos la película por primera vez al público no deja de ser algo curioso y bastante poético. Me gusta que sea en Granada y también tiene el aliciente de que el grupo Tulsa tocará. Lo que vamos a ver es una película con un concierto único vinculado a la película y canciones nuevas que continúan la senda de la película. Es bonito lo que se podrá ver.

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